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Pulp Fiction, 1940 · page 64 of 102

Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 64: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 64: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Daphne fue depositada en un asiento y la joven entre hipos de angustia y dolor, balbuceo: —jDios santo, si no sé concretamente lo que ha sucedido porque no estaba alli! Solo sé lo que Esther me ha contado. —Bien diga lo que sea... Quiza todo pueda solucionarse pronto. — Cdmo? jOh!... No sé lo que me digo... Veran... Esta manana ha llegado a Carson City en el primer tren, la vieja Esther que cuidaba del nino. Venia destrozada y llena de senales. Casi enloquecida, me cont6 que ayer noche, cuando acababa de acostar al nino y se disponia a retirarse a dormir, un tipo de mala catadura salt6 por una de las ventanas encanonandola con un revolver para que no gritase, mientras otros dos individuos de su misma facha, saltaban detras de él apresurandose a atarla con unas cuerdas y a ponerla una mordaza. Cuando la dejaron indefensa, penetraron en la alcoba donde dormia el nino, lo envolvieron en una manta y se ausentaron dejando a la pobre vieja tirada como un saco. Tras mucho forcejeo, logr6 arrancarse la mordaza y asomarse a una ventana dando gritos y muy de manana, cuando pasaba por alli un carrito de verduras, el conductor oy6 sus gritos y acudio libertandola. Esther corri6 al cuarto, observando que no faltaba nada mas que el nino. No se trataba de ladrones vulgares, sino de gente que iba decidida a raptar a mi hijo. Cuando iba a salir, descubrié6 sobre la cama un papel que recogi6 y tomando el primer tren que paso por Empire, ha venido a darme cuenta de lo ocurrido. La he dejado en mi cama presa de un ataque de nervios y yo, por un verdadero milagro he reunido fuerzas para venir aqui. No tengo nadie que me ayude ni me proteja, contra ese monstruo y solo usted es capaz de poder hacer algo para ayudarme a rescatar a mi hijo. —Ha hecho usted muy bien, Daphne, pero ;cémo sabe usted con certeza que es obra de Zenker? Ella temblona, le present6 el papel que estrujaba entre sus agarrotados dedos y Jim lo tom6 en alta voz: «No vevas a tu hijo mds, hasta que me cConniclooolks C@©