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Pulp Fiction, 1940 · page 63 of 102

Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 63: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 63: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

atender, si en realidad Zenker se hallaba entre las sombras dispuesto a aprovecharse de su ventaja asentando algtin golpe de los suyos. Por ello, decidi6d que Nino no se separase de ella. Se bastaba para hacer las pesquisas precisas de momento y solamente cuando hubiese logrado encontrar una pista seria llegado el momento de decidir. Ansiosamente volvi6 a visitar el hotel sin que Vera hubiese dado senales de vida, compareci6 dos veces mas en «La Rosa de Nevada» sin que Daphne pudiera ayudarle a aclarar sus dudas y desesperado, se retir6 al hotel definitivamente aquella noche, dispuesto a extremar al dia siguiente sus pesquisas, e incluso visitar al sheriff para solicitar de él una ayuda eficaz. Paso una noche de inquietud sin casi poder conciliar el sueno y solamente logr6, dormirse cuando el dia iba a romper, lo que oblig6é a Stella a dejarle dormir sin consentir que Nino le llamase. Eran las once cuando despert6 bruscamente y rabioso por haberse dormido perdiendo un par de horas, se levant6 presuroso dispuesto a lanzarse a la calle a averiguar algo que le orientase. Estaba casi arreglado para salir, cuando por el pasillo capté unos pasos precipitados seguidos de unos sollozos femeninos al tiempo que una vez truncada, suplicaba. —jTexas!... | Texas!... Abri6 la puerta con violencia y se enfrent6 con Daphne. La joven, toda despeinada, con el rostro blanco como la cera y los ojos enrojecidos pos el llanto, corrié6 hacia él y cayendo desfallecida en sus brazos murmur6: —jTexas, por todos los santos, ayideme o me muero!... jEse miserable me ha robado a mi hijo! Stella que se hallaba en la habitaci6n inmediata, al reconocer la voz de la joven sali6 apresuradamente y haciéndose cargo de ella, medio la arrastr6 hacia el interior de su estancia diciendo angustiada: —jPor Dios, Daphne, calmese!... jNo se desespere!... Pase y diganos que ha sucedido. Texas estaba tenso y palido también. Adivinaba que las cosas estaban tomando un vuelo demasiado dramatico y una rabia sorda que no podia desahogar a tiros le estaba encendiendo la sangre. ConnicloOolkksS.c©