Pulp Fiction, 1940 · page 21 of 102
Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 21: what you’re looking at
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sabia captarse la simpatia de un sector menos burdo y aunque su misi6n era alternar con la clientela, era «vox populi» que sabia cumplir su cometido sin salirse de aquel marco equivoco para rozar otro mas liviano y peligroso. Algunos granjeros y rancheros de la regién, seducidos por su belleza y por su gracia, le habian propuesto una vida mas agradable y discreta que la que llevaba, pero ni con promesas metalicas tentadoras, ni aun con proposiciones matrimoniales, la joven habia querido aceptarles. Los mas sensibles, adivinaban una tragedia de amor en su vida y habian intentado curiosamente conocerla, pero ella, discreta, se habia encerrado en un mutismo absoluto y lo mas que habian conseguido oir de sus labios, era que su vida privada nada tenia que ver con el cumplimiento de su deber en «La Rosa de Nevada». Zenker sabia que su antiguo amor seguia actuando en el bar por imperativo de una necesidad absoluta de ganarse la vida para ella y para su hijo, y se propuso, vigilarla con la esperanza de que ella le sirviese de cebo inconsciente para llevarle hasta Texas. Apenas el astuto secretario lleg6 a Carson City, decidi6 hacer una visita a «La Rosa de Nevada», pero como su mayor interés estribaba en que Daphne no le viese o reconociese, decidi6 apelar a un disfraz que le permitiese seguir todos sus movimientos sin que ella se diese cuenta de nada. Buceo por la ciudad, se procuré una peluca canosa para adquirir un aspecto mas avejentado, se embadurn6 el rostro con una crema rojiza que le daba el aspecto de un hombre expuesto continuamente al sol, se depil6 parte de las cejas para adelgazarlas, dio un fuerte color rojizo a su nariz palida y afilada y con la barba crecida de varios dias y un traje de ranchero que compré6 en los almacenes de la ciudad, adquiri6 un aspecto tan distinto, que sdlo con un examen a fondo de su persona se podia descubrir la supercheria. Seguro de no ser reconocido, penetr6d una noche en el bar y se sent6 en el rincén menos alumbrado del establecimiento, siguiendo de continuo todos los movimientos de la muchacha, sin descubrir en ella nada anormal. La parroquia a quien atendia seguia mostrandose con ella obsequiosa, pero prudente y nadie de los que se sentaban en el turno a ella asignado, poseian aspecto sospechoso ni cruzaban con ella palabras en voz baja. cConniclooolks C@©