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Pulp Fiction, 1940 · page 15 of 102

Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 15: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 15: Pulp Fiction, 1940

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joven, el hecho de saber que ella le amaba despreciandole a él, encendia su negra sangre y le impulsaba a cobrarse tales desprecios. En Elko habia captado algunos trozos de conversacién entre los asiduos a los garitos, y por ellos sabia que fue Vera quien salv6 a Texas de ser rematado y este ultimo suceso, asi como la traicié6n que le habia hecho abandonandole despectivamente, le tenia ciego de rabia y desesperacion. Debia cobrarse las humillaciones en todos y si la suerte le ayudaba, no abandonaria el tren sin conseguirlo. Le interesaba seguir aquella ruta. Nada sabia de la suerte del padre de Vera, pues el telegrama en el que le anunciaban su fuga solo habia sido leido por la hija del financiero y deseaba llegar a Arizona para realizar investigaciones. Trataria de salvarle para servirse de él como un anzuelo si las cosas le fallaban y si no... Quiza se lo dejase a Texas para apropiarse de todo cuanto el financiero poseia y de lo cual él tenia los resortes en sus manos. Aquella noche, cuando escondido colgado de un _ estribo descubrié desde la ventanilla c6mo Vera pasaba a su departamento libre sin la compania de Texas, una sonrisa siniestra floreciéd en sus labios. Asaltaria la litera en un momento de descuido y Vera seria la primera en pagar su traicion. Fue una imprudencia por parte de ella no encerrarse interiormente, pues este descuido lo aprovecho el feroz secretario para forzar la entrada en silencio y penetrar en la litera sin ser observado. Pero al hacerlo, tuvo la desgracia de tropezar con un pequeno maletin que la joven habia dejado sobresaliendo del asiento y al caer el adminiculo, despert6 con sobresalto a su presunta victima. Esta se incorporo en su lecho preguntando asustada: —,Quién va? Zenker ahog6é un rugido. Si no evitaba que ella gritase pidiendo auxilio, Texas y el terrible mejicano acudirian a sus voces y podia considerarse perdido para siempre. Loco de rabia llevé6 la mano al bolsillo del que extrajo una fina navaja y levantando la mano, la dej6 caer sobre el pecho de la infeliz rugiendo: —Quién? jEl hombre a quien has burlado y que sabes que es cConniclooolks C@©