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Pulp Fiction, 1940 · page 84 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 84: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 84: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

— Qué sabe usted de eso?—pregunt6 Texas. —Nada. Pregunto solamente. —Si asi hubiese sido y me ofreciesen una garantia de abandonar a Zenker a su destino y no volver a luchar contra mi, olvidaria todo lo sucedido y jamas me ocuparia de ustedes. — Me lo jura? —Mi palabra de honor. La puerta se abrid con violencia y la emocionada silueta de Mendoza aparecio en el vano. —jMaldita sea Sonora!—grunéo al distinguir a Texas incorporado en el lecho y a su lado sentada Vera—. Tu ahi holgazaneando o asi y yo mordiéndome los punos de rabia después de registrar en vano todo Elko... gDe modo, maldita sea Jalisco, que fue usted la que se lo llev6? —Si, Nino, yo fui... Tenia que hacerlo. Lo iban a rematar y... —Bueno va. Que me aspen si entiendo palabra o asi de este lio. —No sigas, Nino. Dime qué sabes de Zenker. — Yo? Maldito sea su coraz6n. Si supiese algo, ya estaria siete metros bajo tierra creo yo. Se escap6 el muy cerdo después de hacerte esa caricia. Llevo dos dias revolviendo el campamento sin encontrar rastro de él. —Habra huido y acaso sea mejor para todos en este momento. Nino... tienes que vigilar bien... yo no podré levantarme en unos dias, cuando pueda hacerlo, tomaremos el tren y nos marcharemos al rancho. Durante quince dias, Nino se constituy6 en guardian de Texas y Vera; rondaba los alrededores del hotel como un lobo de presa y si Zenker hubiese tenido la desgracia de arrimarse a él, alli hubiera terminado todas sus andanzas por el mundo. Pero Zenker no apareciO por los alrededores del hotel. O se hallaba bien oculto, o habia huido asustado Dios sabia hacia donde. Quince dias mas tarde, Texas se levantaba y se encontraba lo suficientemente fuerte para emprender el viaje de regreso. Jim, que anhelaba encontrarse en el rancho al lado de Stella, a quien habia hecho telegrafiar que estaba bien para no alarmarla, dispuso todo lo necesario para abandonar Elko, donde ya nada les quedaba por hacer. Nino se procur6 algtin equipaje para los tres y sacé los billetes, y un atardecer, tomaron asiento en un vagon del expreso que hacia el recorrido hasta Reno. Nada de _ particular observaron hasta acomodarse en el tren y sin embargo, alguien a quien no hubiesen sido capaces de reconocer bajo su disfraz de minero sucio y Comicbooks C@©