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Pulp Fiction, 1940 · page 77 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 77: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 77: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Nino, en su furor, pas6 cerca de la vagoneta, registrando por entre los utensilios. Por un momento, sintid el temblor de verse descubierto y empuno el revélver, pero Nino paso de costado y se perdio entre los cajones destrozados, dandoles la vuelta. Luego, desorientado, volvid sobre sus pasos. A través de la cubierta, le vio volver al bar y penetrar por la destrozada puerta. Fue un momento de alivio que aprovech6é para abandonar tan molesto refugio e intentar alejarse. Furiosamente se sacudié el yeso de la ropa. Levantaba una terrible polvareda y se adivinaba convertido en un payaso, pero nada podia hacer mas que limpiarse lo mejor posible y huir. Cuando se crey6 un poco mas decente, corri6 a través de las obras para dar la vuelta. Debia recoger a Vera, montar en los caballos que tenian preparados y huir todo lo mas lejos posible, antes de que fuera demasiado tarde. No sabia si habia conseguido matar a Texas. Sabia que le habia acertado en el pecho y le vio caer a tierra banado en sangre. Esto era algo que le compensaba de las amarguras sufridas. Se habia cobrado el engano de Jimmy, aunque recordaba que con el suceso no recogio el dinero que el tahtr se habia vuelto a guardar y dejaba herido cuando menos a Texas. Esto era algo y si no habia caido, ya buscaria la forma de localizarle y terminar con él de una vez. Estaba decidido a ser él quien diese la cara. Sdlo su decisi6n habia conseguido lo que cien pistoleros a sueldo no lograran y este éxito le convertia en una fiera para el porvenir. Por fin alcanz6 el hotel. Fue una suerte que el mozo encargado del bar se hallase distraido y no se fijase en su porte. Zenker subié apresuradamente a su dormitorio y con celeridad rabiosa se despoj6 del pantal6n y la chaqueta, cambiandolos por otros. Luego se encamin6 al departamento de Vera y llamo. Nadie contest6 a su llamada. Nervioso e inquieto, empujé la puerta, que cedié a la presién, y cuando penetr6é dentro, observé que la estancia estaba vacia. El coraz6n le dio un terrible vuelco al observarlo y se pregunt6 nervioso dénde podria estar la joven. Irresoluto abandono la estancia y salid fuera. Los caballos no se hallaban lejos. Quiza Vera le esperaba junto a ellos para emprender la huida, sospechando que el plan pudiese fallar. Si asi era, habria allanado muchas dificultades, ganando un tiempo precioso, y, esperanzado, se dirigié al lugar donde habian quedado escondidas las monturas, que era un barracén donde los obreros de la linea amontonaban los cajones vacios. cConniclooolks C@©