Pulp Fiction, 1940 · page 76 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 76: what you’re looking at
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zafarse de su presié6n, lanzandole contra la puerta de un modo brutal. Jimmy choco en el borde de la jamba y se sintid mas mareado, pero el instinto de conservacién le advirti6d que si no huia, iba a terminar sus dias a manos de aquel ser enfurecido, y sacando fuerzas de flaqueza, trat6 de ganar el bar, escapando de su venganza. Zenker aprovech6, aquel momento para extraer su revélver y al observar que se le escapaba y presentir que si salia al bar podia denunciar su cercana presencia, perdido la nocién de la prudencia y disparo sobre él, alcanzandole en la espalda cuando ya traspasaba el vano de la puerta. Jimmy cay6 atravesado de dos balazos, pero tuvo tiempo a intentar la venganza denunciandole y Zenker, fuera de si, sabiendo que si no se deshacian de Texas éste se desharia de él, decidi6é jugarse todo a una carta decisiva y tomar parte en la contienda. Su alegria fue inmensa cuando, amparado en las sombras, vio saltar a Texas con decisi6n. Friamente apunto contra él, clavandole la bala en el pecho. Pero habia olvidado a Nino y su furor, y asi, cuando se dio cuenta de que quedaba el terrible mejicano, se impuso la necesidad de deshacerse también de él o morir destrozado entre sus garras. Pero la tactica de Mendoza le desconcert6. Protegido por la mesa, si lograba penetrar en el pasillo estaba perdido y después de disparar rabiosamente para detener su avance, salt6 atras, abri6é la puerta de escape y cerrandola con la barra de hierro para retrasar la persecucion, se perdid como un conejo entre los obstaculos que le brindaba la linea. Un panico loco le invadia. Los ojos de Nino, aquellos ojos dulces y simpaticos en la serenidad, pero de un furor salvaje cuando se irritaban, le habian dicho elocuentemente lo que seria capaz de hacer con él si caia en sus manos, y el cruel secretario temia por su vida como jamas habia temido. Por un momento se vio perdido. Hasta él llegaban los terribles empujones que Nino daba sobre la puerta para desquiciarla, y seguro de que seria alcanzado antes de poder abandonar aquel laberinto, busc6 la salvacion en él. Una vagoneta cubierta con una tela embreada le atrajo y levantando la tela, salt6 al interior, cubriéndose con ella. La vagoneta contenia yeso y Zenker se sinti6d hundir y medio asfixiar por el polvo, pero aquello era preferible a verse destrozado por las terribles zarpas del oso mejicano. (a cConniclooolks C@©