Pulp Fiction, 1940 · page 65 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 65: what you’re looking at
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algunas rachas malas en las que nos hicieron saltar la banca. —FEstarias dormido, Tirrel. Ta eres hombre demasiado habil para que te suceda eso. —Quiza, pero no siempre soy el que talla. —Lo comprendo, pero eres el que te guardas el dinero. Repasa mejor tus cuentas a ver si has olvidado algo. Creo que las has hecho demasiado aprisa y los nimeros no son los naipes. Yo sé de numeros tanto como tt de poker de «ases». —Quiere usted decir? —Nada que te ofenda, Jimmy Sdlo, que repases de nuevo tus cuentas. Luego les echaremos un vistazo, juntos. Y sin decir mas, se levanté dispuesto a marcharse. El tahtr rechin6o los dientes con rabia. Adivinaba que iba a tener una escena borrascosa con su socio y se estaba preparando para ella. Zenker se ausent6 diciendo: —A las once estaré aqui para ver si ha venido Texas. Espero que todo salga bien y que el suceso entre dentro de la categoria que tu senalabas antes. Zenker regreso al hotel y a preguntas insistentes de Vera, lo dio cuenta de todo lo tratado. —Creo que esta vez saldra bien, Vera, pero por si acaso, tengo dos caballos preparados para largarnos. Esté usted sobre aviso. Vera asinti6. Su pensamiento en aquel instante estaba muy lejos de alli, ponderando la tragedia que se avecinaba y sin quererlo, una angustia terrible oprimia su pecho. Zenker se retir6 a su departamento a dejar en orden su pequeno equipaje y a repasar sus armas. Podia verse obligado a tener que usarlas y no queria que en el momento critico pudiesen fallarle. Se sentia rabioso, mas que por el asunto de Texas, por su tirante entrevista con Jimmy. Este parecia haber olvidado que no sélo le debia muchos favores, sino el poseer un negocio tan lucrativo como el que regentaba y el comprobar que le estaba robando abiertamente, encendia su ira Se lo habia dado a entender y presentia que Tirrel podia revolverse contra él, en cuyo caso posiblemente tendrian que discutir el asunto de una manera bastante ruidosa. Poco antes de las once, volvié a salir para dirigirse al garito. No se despidié de Vera, pero esta le sintid marchar y le vio traspasar el vano de la puerta del hotel, con el sombrero muy inclinado sobre los ojos, confundiéndose entre la multitud que llenaba ruidosamente las calles. (a cConniclooolks C@©