Pulp Fiction, 1940 · page 63 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 63: what you’re looking at
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—Estoy acabandole. Esta noche quedara ultimado. —Pues a la noche liquidaremos. No olvide de traerme a Fay. Zenker, tomando toda clase de precauciones, dio la vuelta al campamento y buscando los sitios mas protegidos regreso al hotel. Vera cumpliendo sus 6rdenes, no se habia movido de su habitaci6n. El secretario bastante satisfecho, se dirigi6 a verla. —Alguna noticia? — pregunt6 Vera. —Algunas, pero de momento nada definitivo. Texas esta en Elko hace dos dias y ya ha visitado dos noches «Vanity Fair. Espero que ésta también comparezca y dejar liquidado el asunto. — Cdmo siempre? — pregunto ella irénica. —No puedo asegurarlo — repuso Zenker con recelo— Por mi parte, pondré lo que sea preciso para que no ocurra lo de siempre... a menos que usted disponga otra cosa. Ella se encogié de hombros diciendo: —Ya le he advertido, que entre la vida de Texas y la de mi padre la elecci6n no es dudosa. —La mia no cuenta? — pregunto él rabioso. —No, porque usted es de los que saben ponerse lejos del barreno. —Por fortuna para mi; sino, a estas horas estaria ya... Cuando la tarde iba muriendo y antes de que el campamento adquiriese esa fisonomia bronca y especial que adquiria a la media luz de los quinqués de petréleo, Zenker que habia cambiado sus ropas por un atuendo apropiado para confundirse con el heterogéneo putblico que frecuentaba los garitos, se dirigié al de Jimmy penetrando en él por la puerta reservada. En el despacho le esperaban Tirrel y un individuo de unos cuarenta anos, de rostro verdoso, y ojos saltones. Alto y seco pero de una musculatura recia y cultivada. Vestia un pantalén azul cenido de rodilla para abajo por las polainas de cuero de sus altas botas, una camisa, azul oscuro, un rojo panuelo al cuello y un cinturén adornado con proyectiles del que pendia el pesado «Colt». Cuando Zenker penetr6 en el despicho, Jimmy senal6é al individuo presentandole: —Fste es Charles Fay. —Zenker le examin6 con aguda mirada y bruscamente pregunt6: —,En cuanto tasa usted la vida de dos hombres? Fay le miro con frialdad y repuso: —FEso depende de quien se trate. —De dos tipos fuertes, valientes y que disparan como rayos. No quiero enganarle, porque me interesa verles desaparecer. Nada de COnniclOolks C@©