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Pulp Fiction, 1940 · page 62 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 62: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 62: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jOh, claro!—replic6d suavemente Jimmy—con su dinero, si, pero con «Vanity Fairy, no. Usted sabe que todo no consiste en gastarse un pano de doélares en mandar construir un barracon, comprar unas cuantas botellas de bebidas y adquirir unas mesas de juego. Luego hace falta gente de agallas que le saque el producto y tenga la vida pendiente de un hilo a cada paso. Yo me la estoy jugando todos los dias sordamente y tengo una parte en el negocio. Zenker acus6 el golpe, diciendo: —Me sobra dinero para construir seis como ésta. —Pero no hombres que mueran todos los dias por defenderlos. — Qué quiero usted decir con eso? —Nada mas que estoy dispuesto a ayudarle, pero procurando que el negocio no sufra con ello mas de lo normal. Yo creo que para quitar de en medio a un hombre, no hace falta que sea en determinado sitio. Hay muchos donde el resultado puede ser el mismo sin causar perjuicios a terceros. —Cualquiera diria que esta usted regentando una feligresia y no un garito—coment6é Zenker—. ¢Son misioneros todos los que lo frecuentan? —No, pero, cuando se produce algtin suceso, siempre tiene una justificacién. Una botella de mas o una jugada mal interpretada, dan pie a una pelea. Lo otro... —De eso ya hablaremos, Jimmy. Lo he dispuesto asi y asi hay que aceptarlo. —Bien, a su cargo corre el asunto. —Conformes. ;Dice que ha estado aqui dos noches seguidas? —Si. Le conozco de sobra para no equivocarme. — Solo? —No le he visto acompanado de nadie. Se sent6 en una mesa del bar, de espaldas a la pared, se bebié dos vasos de gin y después de una hora se marcho. —No sabe si le acompanaba un mejicano alto y fuerte? —Si vino con él, debi6 permanecer alejado. —Bien, esta noche arreglaré ese asunto. Necesito una docena de hombres duros. ;Los hay? —Mas que blandos... Puedo ponerle al habla con Charles Fay. Acaba de llegar al campamento y no parece estar sobrado de dolares. — No es mal elemento. He oido hablar de él. Le citaré a la caida de la. tarde, aqui. Luego, cambiando de conversacion, pregunt6: — Ha terminado ya el balance? cConniclooolks C@©