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Pulp Fiction, 1940 · page 47 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 47: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 47: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

perro fiel, seguia a su jefe en el peligro. Texas continuo ganando terreno, pero al echar un vistazo hacia la maquina, palidecié6. La via se curvaba de un modo violento varias docenas de yardas mas adelante y por si esto no constituyese ya un serio peligro, acababa de descubrir atravesados sobre los railes varios-gruesos troncos de arbol. Comprendiendo la idea y convencido de que ya nada podia intentar para detener el convoy, se volvid angustiado a Nino gritando: — jPor el Infierno!... Arrdéjate a tierra Nino... jarrdjate! El tren va a descarrilar de un momento a otro. Dando el ejemplo, se curv6 sobre el pasamano y se dejo caer hacia atras encogido, buscando una caida que le permitiese rodar sobre la hierba para no troncharse los huesos al caer. Nino procur6é imitarle aunque su pesadez no le permitid maniobrar con la misma soltura y precision. Ambos cayeron sobre la hierba. Texas rod6 como una pelota varios metros hasta quedar detenido sin detrimento alguno, mientras el mejicano con los huesos machacados, quedaba jadeante y dolorido en tierra. Inmediatamente, un estrépito horrisono de hierros chocando unos con otros, seguidos de docenas de alaridos de terror, rasgaron el silencio de la pradera y el tren al chocar contra el obstaculo de los arboles se precipit6 sobre la maquina estrellandose unos vagones contra otros. La locomotora empezo a arder, algunas unidades habian caido de costado y los viajeros clamaban dentro aprisionados por los retorcidos restos, y el cuadro no podia ser mas triste y doloroso. Texas se levant6 rapidamente corriendo hacia el destrozado convoy, seguido de Nino, quien aunque se sentia quebrantado, poseia animos suficientes para prestar auxilio a los siniestrados. Algunos que habian resultado indemnes, surgian por las ventanillas o entre las astillas de los vagones dispuestos a unir sus esfuerzos a los de la brava pareja pero cuando se disponian a emprender su humanitaria labor, alguien grito: —jForajidos!... j|Forajidos! Texas dio media vuelta descubriendo como de unas depresiones del terreno, habian surgido hasta una docena de individuos a caballo, quienes armados de revolver galopaban raudamente hacia el tren. Texas de un _ salto felino, alcanz6 un vag6n_ volcado, escurriéndose entre sus restos, al tiempo que gritaba: cConniclooolks C@©