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Pulp Fiction, 1940 · page 44 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 44: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 44: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Toma, lee. El mejicano se rasc6 la cabellera mascullando: —jMaldito sea el caballo de Atila! Y ahora, ¢qué, manito? — Ahora? Dios sabe d6énde estaran ya. Dejaron la mecha encendida y se largaron en previsidn de que les alcanzasen los cascotes. Zenker es mucho Zenker para despreciarle como enemigo. Texas se disculp6 con los viajeros dejandoles en libertad y se encerr6 con el encargado pidiéndole detalles de los viajeros huidos. Kindal poco pudo decir. Se habian presentado como matrimonio aunque pidieron dos habitaciones contiguas. —Matrimonio? — pregunt6 extranado Texas. — ¢De cuando aca han podido casarse la hiena con el tigre? —No sé, ellos dijeron que erar un matrimonio en plena luna de miel. Texas se qued6d dudando. ¢Habria claudicado Vera a las pretensiones de Zenker solamente por asegurarse su colaboraci6on en aquella lucha terrible? Esto le llev6 a recordar el texto del telegrama. Era indudable que se referia a él y al padre de Vera y que alguien rondaba el rancho con pretensiones de libertar al prisionero. Tenia que tomar medidas a pesar de su ausencia y cuando fuese de dia, telegrafiaria al rancho para ordenar que se montase una activa guardia en derredor de la prisi6n y que se hiciesen registros a fondo por los pastos y los alrededores. Fn cuanto a Zenker, ya no abrigaba ilusiones de poder localizarle. Seguramente habia huido de Reno, aunque estaba seguro de que no tardando mucho tendria que tropezar con él en Elko si no era antes. Ya no podia salir de alli por la manana del siguiente dia. Tenia que preocuparse del cadaver del infeliz mayoral a quien debia procurar una decente y tltima morada y solo cuando hubiese cumplido aquel deber de lealtad para con el muerto, emprenderia el viaje decidido a enfrentarse con su terrible enemigo y al librar la batalla decisiva, incluso en el terreno que este habia elegido para darla con ventaja. cConniclooolks C@©