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Pulp Fiction, 1940 · page 43 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 43: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 43: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Se dirigi6 al encargado ordenando imperiosamente: —Haga el favor de avisar a los huéspedes que se presenten todos en el bar dentro de un cuarto de hora. Quiero conocerles y saber si hay alguien que me interese particularmente. Kindal no protest6. Comprendia que el asunto era grave y conociendo la autoridad de Texas, no podia oponerse a ella. Pas6é recado a, todos los viajeros y al cuarto de hora tenia reunidos en el bar a veintidos. Tras examinar sus rostros en los que se leia el asombro y el terror, exigid que le fuesen demostrando su personalidad. Todos exhibieron documentos acreditativos que les alejaba del radio de accion en el que se movia el aventurero. —Estan todos los viajeros presentes?—pregunto. Kindal tras examinar los libros de entrada repuso: —Faltan dos. —,No seran los muertos? —No son un hombre y una mujer... El mozo de la puerta se adelant6 para advertir: —Pero salieron hace mas de una hora. Han debido ir a dar un paseo. Texas acometido de una corazonada, exclam6: —Quiere decirme cuales son sus habitaciones? El encargado le acompano al pasillo, mostr6 los dormitorios. Estos se hallaban desiertos y en ellos quedaban algunas prendas en desorden por encima de los lechos. Texas abarco las estancias con extrameza. Aquello no parecia cosa normal y cuando iba a salir para hacer una pregunta descubri6é un papel arrugado a los pies de una cama. Lo torn6 con curiosidad y le ley6. El contenido le produjo un escalofrio y buscé el destinatario. Estaba dirigido a nombre de Oliver Z. Miles. Con impetuosidad salioé al pasillo gritando: —Kindal, haga el favor de darme los nombres de esos viajeros que faltan. —En el libro constan como Oliver Z. Miles y Vera S. Allan. Texas lanz6 un rugido de ira. Ahora adivinaba todo lo sucedido y sabia positivamente de donde habia partido el golpe. —iQué te pasa manito, que estas tan furioso?—pregunt6 Mendoza. — Que me pasa? jMaldita sea Sonora como tt dices! Que hemos tenido tabique por medio a Zenker y a Vera y nos enteramos ahora, cuando hemos estado a punto de caer en esta asquerosa emboscada. COMMIEOOKS C@©