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Pulp Fiction, 1940 · page 32 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 32: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 32: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

ferrocarril, produciendo pingties ganancias. Lo regenta como socio mio Jimmy Tirrel, un ex pistolero muy diestro con el Colt en la mano, quien me hizo algunos servicios y a quién ayudé en momentos dificiles. Tirrel recibid de mi el dinero para montar el negocio y gana hoy mucho mas que robando ganado o asaltando bancos sin exposicién de su vida. Me da una parte en él negocio y me sirve a ojos cerrados. — i Qué puede hacer él? —Mucho. Si Texas se mete a ciegas en la trampa, visitara Elko y «Vanity Faim y alli... alli encontrara la muerte cuando menos lo piense. — Usted cree? —¢Por qué no? Hay muchas maneras de deshacerse de un hombro y en un campamento salvaje de un ferrocarril, los que caen no tienen importancia. Los sheriffs son figuras decorativas cuando no estan vendidos a los tahtres y pistoleros. Yo le aseguro que si se mete en la ratonera y cae alli va a ser muy dificil que nadie sepa de las andanzas de Texas, ni que ha sido de su vida. En Elko, el que cae es un desconocido al que se le entierra o se le abandona en una cortada para que lo devoren los buitres y nadie muestra interés en saber quién es, ni cOmo se llama. Es el sitio ideal para nuestros planes. Vera nada dijo. La astucia y el refinamiento de Zenker eran algo que no admitia controversia. Zenker dej6 a Vera para seguir preocupandose de todo su amplio plan de ataque a su feroz enemigo. Acostumbrado a ver fracasar sus mas refinados proyectos, ya no tenia confianza en ninguno y se proponia ir acumulando peligro tras peligro, para salir al paso de Texas y abatirle si no era de una forma de otra. Pasaron los dos dias indicados por Zenker y éste se mostraba nervioso al no haber recibido ya noticias del imprevisto ataque que habia organizado contra Texas para asestarle un golpe definitivo antes de que aquél pudiese ponerse en guardia, pero atin no habian aparecido los secuaces que debian informarle del éxito o fracaso del plan. Vera no le habia preguntado nada pero en el gesto hurano y en la nervosidad de su flamante esposo, adivinaba que éste se encontraba preocupado sin tratar de disimularlo. El matrimonio se habia instalado en un hotel proéximo a la estaciOn y Vera, desde que regresara de casarse, no habia salido de sus habitaciones, en las que pasaba las horas entregada a un hosco silencio. (a cConniclooolks C@©