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Pulp Fiction, 1940 · page 24 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 24: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 24: Pulp Fiction, 1940

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estrellado o que hemos caido al rio y son capaces de seguir adelante O asi. —jCalla! Me has dado una idea. Montemos una vigilancia desde aqui por si acertases. Daria mil ddélares porque asi sucediese. El fuego y el sol que atin picaba a pesar de estar algo avanzado el otono, secaron la indumentaria de los tres aventureros y estos, pudieron vestirse de nuevo. El mayoral que se mordia las unas rabioso, pregunto: —Tiene usted idea de quién puede ser el autor de este intento? —Hasta cierto punto si, pero... no me explico cémo han podido averiguar que yo Salia en su diligencia... Esto es lo que me intriga. Nino intervino para insinuar: —No habran tenido noticia del telegrama? —Pues... podria ser, pero no me explico cémo... —jRepinto! Yo tampoco, pero... Texas que sentia prisa por alcanzar algun poblado, dijo: —Creo que debiamos iniciar la marcha hacia Tehama... Son diez millas de camino... —Quiza nos alcance algtin carruaje que se dirija alli—insinuo el mayoral. 1 — Me alegraria. Es mucho andar y mucho perder tiempo. Se disponian a abandonar el bosque para emprender la marcha, cuando Nino que vigilaba rabiosamente el camino, advirtio: —jCuidado, manito! Veo gente o asi que viene por alla lejos. Texas medio oculto por un Arbol, eché un vistazo. Entre el polvo de la senda, se distinguian dos siluetas que avanzaban bordeando el rio. —Esperen—dijo—son dos. Seria una feliz coincidencia que se tratase de ese par de sapos que quedaron atras Durante algunos minutos, atalay6 el camino con su aguda mirada. El polvo le impedia distinguir bien a los solitarios caminantes, pero por fin aprovechando una rafaga de aire que les dejo al descubierto, advirtid sonriendo siniestramente: —F] Diablo esta en su contra, Nino. Son ellos. El mejicano intent6 salir a su encuentro, pero Texas le detuvo con férrea mano exclamando: —Estas loco? Ellos poseen armas y nosotros no. —jOh bueno!, pero soy capaz de dejarme dar un tiro con tal de acariciarles un ratito los orejas o asi. —FEstate quieto y no te des a ver. Hay que estudiar la forma de cazarles sin darles tiempo a disparar. El mayoral senalando su revolver, dijo: cConniclooolks C@©