Pulp Fiction, 1940 · page 25 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 25: what you’re looking at
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—Yo tengo mi Colt, pero... el bano lo ha dejado inservible. Texas alargo la mano y tomandolo dijo: —Démelo. Ahora atencién. Cuando crucen por delante, les voy a dar el alto mostrandoles el revélver. Si se asustan, podemos cazarles sin peligro. —Y si no... —Pues... Bueno, tomen un par de piedras pesadas y estén atentos. Si hacen el menor movimiento, arrdjenselas. Tu, Nino, eres buen tirador de piedras. —Y yo también—dijo el mayoral—He cazado muchos conejos a cantazos. Se armaron con las piedras quedando ocultos tras los gruesos troncos de arboles y esperaron. Poco mas tarde, los dos forajidos, cansados, polvorientos y rabiosos, avanzaron cerca de ellos examinando atentamente el rio. Texas les dej6 pasar y cuando habian ganado algunos metros, surgid inopinadamente por su espalda con el revdélver amartillado avanzando levemente para retardar el momento de enfrentarse con ellos. Pero pese a su precaucion, la tierra crujiéd bajo sus pesadas botas y uno de ellos alarmado, se volvi6 con rapidez llevando la mano al costado, pero la voz imperiosa de Texas ordeno: — jQuietos u os abraso a tiros! Los dos rufianes se quedaron como quien ve visiones al enfrentarse con quien creian que se habria estrellado en la loca carrera o habia ido a parar al fondo del rio y por un momento, quedaron tensos sin saber que decisi6n tomar, pero comprendiendo que su vida estaba en peligro, decidieron jugarselo todo a una carta y llevaron con rabia la mano al revolver. Texas se vio perdido y con rapidez vertiginosa arroj6 el pesado revolver a la cara de uno acertandole cuando el rufian sacaba el arma. El golpe le cogiéd desprevenido y solt6 el revélver para llevarse las manos al lugar del impacto, al tiempo que el otro disparaba Texas como un rayo de veloz, se arroj6 al suelo pasando el proyectil por encima de él, pero cuando el rufian intent6 repetir el disparo, dos enormes piedras le caian sobre el pecho y cabeza, abatiéndole como a un ternero cogido con el lazo. Nino y el mayoral saltaron como tigres sobre ellos atenazandoles y antes de que pudieran darse cuenta de lo que habia sucedido, ya, se hallaban en el bosque arrastrados por el mejicano y su companero, mientras Texas recogia las utiles armas. Ambos rufianes sangraban por cara y cabeza de un modo COMICOOKS C©