Pulp Fiction, 1940 · page 23 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 23: what you’re looking at
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conductor en la «Pony Exprés». Texas deneg6 con la cabeza afirmando: —Sé lo que me digo. Esos tipos me conocian, pues me han nombrado al sorprenderme. Esto tiene una raiz mas honda. —Pues que me maten si lo entiendo—grunéo el mayoral. —Lo que me encorajina, es que he perdido el coche. Quiza con él pierda el empleo. —No se preocupe por ello—dijo Texas—. Tengo suficiente influencia para hacer que le den un coche nuevo que estoy dispuesto a pagar si es preciso, pero si asi no fuese, en mi hacienda siempre tengo un buen puesto para hombres de su talla. Me ha salvado usted la vida y Jim Texas no es hombre que no sepa pagar tales favores. El mayoral le mir6 con asombra y balbuceé: — Texas? ¢El héroe de nuestra guerra? —Bueno, si usted se empena, el héroe, pero deje eso. Baste con saber que soy el capitan Texas. —jOh claro!—replic6 convencido—basta con eso. Pues si senor, para mi seria un honor eso que me propone. Ya estoy harto de rodar por esos endiablados caminos, donde cada viaje hay que apelar a un truco para salvar la vida. —Asi es amigo y veo que tiene usted agallas para hacerlo. Si en, realidad no le interesa volver con la empresa, le tomo a mi servicio. —Y yo me quedo con ustedes desde ahora mismo. —Bien, lo interesante ahora, es preocuparnos de nuestra situaci6n. Estamos chorreando y me figuro que lejos de todo poblado. —A unas diez millas de Tehama—afirm6 el mayoral. —En ese caso, alli veo un pequeno bosque. Vamos a encender fuego y a secar nuestras ropas. Después veremos que rumbo tomamos. Cruzaron el camino y se internaron en el bosque. Texas siempre llevaba yesca, eslab6n y tabaco en su caja impermeable y consiguid encender una fogata donde pusieron sus ropas a secar. Nino se mostraba furioso. Maldecia sobre todo cuanto podia maldecir y hablaba de volver sobre el camino en busca del resto de La cuadrilla, para apretarles el pescuezo con sus poderosas manos y obligarles a barrer el polvo de la senda con su asquerosa lengua. Texas le calm6 diciendo: —No te molestes, Nino. Esos reptiles se habran apresurado a desaparecer en vista del fracaso. —jOh no, maldita sea Jalisco! A lo mejor, creen que nos hemos COMIELOOKS C©