ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 22 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 22: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 22: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Capitulo Il Las canas se vuelven lanzas pesar de las precauciones tomadas, el mayoral se vio envuelto en el terrible torbellino formado por el vehiculo al hundirse en el agua y durante un momento, buceo ciego entre la ola de fango que le envolvia, pero buen nadador, consiguid subir a la superficie y sacudirse la presién del agua nadando fuera del remolino. Luego, giré la vista descubriendo el roche medio hundido del costado derecho. La suerte habia hecho que cayese junto a la orilla, en una especie de remanso no muy profundo y aunque el agua le cubria en su mayor parte, el lado contrario habia quedado al descubierto y en los huecos de las ventanillas, estaba viendo dos cabezas asomadas que pugnaban por mantenerse fuera del liquido elemento que casi Ilenaba el coche. Nado vigorosamente hasta alcanzar la diligencia y Texas que se habia dado cuenta de todo grit6: —Amigo, si puede subir hasta aqui, nos hara un gran favor cortando cuando menos las ligaduras de nuestros brazos. No podemos hacer movimiento alguno para salir. El mayoral trep6 penosamente al costado del coche y con su enorme cuchillo, logré cortar las trabas de los brazos de Texas y Nino, ayudando a estos a salir por el hueco de la portezuela, cosa que con Jim no hubo problema, pero con Nino si, por su gran humanidad. Ya sobre el costado del coche, pudo ayudarles a eliminar las trabas de sus pies. Fue una operaci6n oportuna pues los infelices caballos que se debatian en el agua con las ansias de la muerte, terminaron por hundirse arrastrando tras ellos el pesado vehiculo. Texas y Nino ya habian saltado nadando hacia la _ orilla, ayudados por el mayoral y cuando alcanzaron tierra firme Texas se lament6: —Siento no haber podido sacar también al tipo ese que qued6 dentro de la diligencia. El conductor escandalizado, gruno: —Encima de haberles tenido a punto de morir a sus manos? —No era piedad, sino interés por saber quién les habia pagado por este golpe. Quiero creer que no se trata de un vulgar atraco. — Por qué no? Ya he sufrido quince en mi larga. vida. de