ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 20 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 20: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 20: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Cuando ambos se hallaron reducidos a dos peleles maniatados, el que parecia dirigir el grupo, exclam6, rabioso: — jCochino gringo!... Le has destrozado la boca a Walter, pero yo te aseguro que lo pagardas caro... Tu, Max, aplica por aqui el revolver a las costillas del conductor para que se detenga. El incidente se habia desarrollado tan rapido y en silencio, que el conductor del carruaje, sentado demasiado alto y dominado por el ruido del galope de los caballos, no tuvo ocasién de darse cuenta de lo que sucedia a su espalda. El llamado Max, asomé la cabeza por el hueco que se abria junto al asiento y sacando el brazo, apret6 el candén del revélver a la espalda del conductor, al tiempo que gritaba: —Parate, rapido... y no te muevas, si no quieres que te salga el plomo por el pecho. El mayoral, sorprendido, tird de las bridas y los cuatro caballos que arrastraban el coche se detuvieron en mitad de la senda. Uno de los forajidos, con el «Colt» en la mano, salt6 a tierra, colocandose delante de la diligencia con el arma empunada y detras de él, surgieron los otros dos, mientras que el que Nino habia golpeado, quedaba atravesado sobre el piso del vehiculo. El conductor, un tipo grande y fornido, ducho en la linea, que no era la primera vez que se veia detenido en los caminos, unas veces por los indios merodeadores y otras por los salteadores, midi6 a todos con la mirada y mascull6: — Qué diablos sucede? —Nada que pueda dolerte, si tienes algo dentro de la cabeza y obedeces... Apéate... necesitamos el carruaje. El mayoral hizo un calculo mental de posibilidades y realiz6 un movimiento como si se decidiese a soltar las riendas y obedecer, pero subitamente agit6 el latigo con furia sobre los flancos de los caballos e inclinandose hacia adelante hasta casi echarse encima de ellos, gritd: —jAdelante, corderos! El indeseable que se habia colocado delante de la diligencia, se dio cuenta del terrible peligro que corria y_ dispar6é precipitadamente, intentando saltar para apartarse de la trayectoria del carruaje, que a impulsos de los potentes animales, arranc6é violentamente pero no consigui6 su propdsito. El disparo hirié a uno de los caballos enfureciendo al animal y todo el tiro cay6 sobre él metiéndole entre sus patas como un guinapo, para dejarle detras de las ruedas medio destrozado. Los otros dos indeseables al darse cuenta de la audaz maniobra, COMINCLOOKS C@©