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Pulp Fiction, 1940 · page 19 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 19: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 19: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Sin permitirles hacer el mas leve movimiento, alguien les trabé fuertemente los pies y cuando estuvieron trabados, tiraron de ellas hacia atras reciamente, dejandoles caer sobre los asientos fronterizos, donde quedaron sentados. Texas, rojo de rabia, quiso saltar sobre ellos, pero cuatro «Colts» imponentes le cerraban el salto. —No se mueva, capitan—dijo uno de ellos—, creo que le tendra mejor cuenta. Es usted demasiado sentimental para este mundo y esas debilidades se pagan. Una cuerda en forma de lazo cay6 sobre él, aprisionandole los brazos y un bandido apreto hasta inmovilizarlos, en tanto que dos de los intrusos encanonaban con rabia al peligroso Nino. Este los miraba con ojos exaltados por la ira y media la distancia, preguntandose si a costa de alguna, rozadura de bala podria intervenir directamente para salvar aquel momento tragico y denigrante, pero los dos bandidos, a distancia, imposibilitaban su intento. Se adivinaba que eran gente ducha en la materia y que no se dejarian sorprender facilmente. Cuando Texas se encontré indefenso, le tocd el turno al mejicano. La cuerda cayo sobre él y dos hombres tiraron de ella con fuerza, pero Mendoza, tensionando sus terribles musculos, neutraliz6 la acci6n en parte, consiguiendo que no le anulasen del todo los movimientos y cuando los dos forajidos, creyendo que le habian reducido a la impotencia, se acercaron a él para dar vuelta a la cuerda, Nino consiguiO distensionar aquélla u de un terrible punetazo, envid a uno de los rufianes al otro lado de la diligencia, dejandole inmévil. Iba a saltar a pesar de tener los pies impedidos, cuando otro de los indeseables se anticip6 a él y le descarg6é un terrible golpe en la cabeza con la culata del revélver, que le dej6 un momento semi atontado, tiempo suficiente para que los otros dos le pasasen la cuerda por los brazos y _ le_ aprisionasen reciamente, imposibilitandole un nuevo intento de agresi6on. Nino quiso reaccionar, insultandoles horriblemente, pero el rufian le aplicé el revélver a la cara, diciendo con rabia: —Si das un solo grito, te deshago la boca de un tiro. La amenaza era demasiado tragica para tomarla a broma y Mendoza enmudeci6, pero en sus ojos se leia la terrible amenaza de lo que hubiese sido capaz de hacer con ellos, de conseguir recobrar su libertad. (a cConniclooolks C@©