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Pulp Fiction, 1940 · page 80 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 80: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 80: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Gracias, eres muy generosa, pero ya no se trata de dinero. Hay muchas cosas por medio que nos separan para siempre. En el terreno que nos debatimos sobra una u otra. — Por qué? —Tu lo sabes. No me obligues a hablar mas. Zenker, que asistia tenso a la discusién, entendid que podia mortificar a Vera con sus intervenciones y dijo irdnico: —Acaso no lo sabe usted, Stella? Su prima no le perdonara nunca que se haya enamorado de Texas. Stella se sonrojo hasta el blanco de los ojos y murmuré: —Aunque eso fuese cierto, gen qué le perjudico yo?... Ella debe odiar a Texas y Texas le odia a ella. Vera, sin poderse contener, se puso en pie rugiendo: —Fso es lo que te interesa a ti, arpia. Que me odie... Sin ti, quiza no hubiese sido asi... si tu no hubieses existido, quiza desde el primer dia que nos conocimos yo hubiese podido atraérmelo. Pero tu lo has impedido. Ahora te ama a ti y yo... Stella, ante la revelacién, se llev6 las manos al pecho para contener los latidos de su coraz6n y musit6: —jNo digas eso, Vera! Texas no me ama... jamas me ha dicho nada que... —jCallate, hipdcrita, embustera! ;No te ha dicho nada! Y tt eres tan simple que no lo has leido en sus ojos. ¢O es que crees que todos los peligros que ha corrido por ti los ha corrido graciosamente para que luego fueses para otro? ¢No lo sabias? Pues ahora lo sabes, pero esctiichame bien, es tarde para ti. A estas horas, Texas estara sirviendo de pasto a los peces en el fondo del ruar, donde habra sido arrojado con unas esposas de hierro a las manos y a los pies. Stella se incorporé como impulsada por un resorte, abrid mucho los ojos, contrajo la boca en una mueca dolorosa y lanzando un grito impresionante, cay6o a tierra privada de conocimiento. Vera rio con una carcajada diabdlica y Zenker, dandose cuenta de todo el rencor que era capaz de albergar en su pecho, rencor que también le alcanzaba a él, exclam6 mordaz: —Y usted era la que presumia de femenina? Casi estoy por agradecer que se haya arrepentido, de aceptar mi proposici6n de matrimonio. La creo capaz de haberme matado a tiros cualquier dia como a un perro rabioso. cConniclooolks C@©