Pulp Fiction, 1940 · page 7 of 102
Aventuras de Jim: Texas — page 7: what you’re looking at
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—Pero producen, Jim. Yo no. —No todos. Los tengo jubilados del trabajo y sélo sirven para pasear o vigilar a lo sumo. Por otra parte, su presencia a mi lado es un tesoro. Estoy solo y sin familia ni amigos. No soy un ogro y una buena amistad con quien distraer ratos perdidos vale mucho. —Bien, si usted se obstina... Pero entonces, ;para qué quiero yo ese medio mill6én de ddlares? —Para guardarlo, o para emprender negocios por su cuenta... La vida no es siempre la misma. Un dia, puede usted encontrar un hombre de su agrado y si usted tiene un buen patrimonio y él también... —No me hable de eso, Jim, no quiero pensar en esas cosas por ahora. Yo no quiero mas que vivir y descansar en este Paraiso... —Donde hay muchos demonios, no lo olvide. —Y algunos angeles con bigote —dijo ella riendo— tampoco lo olvido. —FEso ira por Nino —afirm6é él divertido— y su tipo de angel pondria en ridiculo al propio San Gabriel, si se enterase de la comparacion. —Pero tiene un coraz6n que vale un cielo. Si acaso, diremos de él que es un angelote. Y ambos rieron la broma. Como quiera que Jim no habia dado por conclusa su lucha con Zenker y Vera y como por otra parte estaba seguro de que estos no renunciarian a la lucha y a la venganza, decidi6 no descuidarse ni dedicarse a un descanso ocioso que pudiera permitir a sus enemigos rehacerse y aplicarle algtin golpe funesto. Habia conseguido de su amigo el Secretario de Estado, que se prescindiese de sus servicios durante algtin tiempo para dedicar éste a sus asuntos personales y aceptada la peticidn, se propuso aprovechar aquella tregua en sus tareas semioficiales. Habia recogido en el hotelito de Zenker una cantidad de documentos muy preciosos que tenia que examinar. En ellos, estaban condensadas las pruebas de muchos latrocinios de la familia Spack, algunos de posible reivindicaci6én y queria hacer extensivo su favor a aquellos que gemian en la desesperacién o la ruina por culpa del egoista y carnivoro financiero. Dejando a Stella que gozase de las delicias de principios de cConniclooolks C@©