Pulp Fiction, 1940 · page 63 of 102
Aventuras de Jim: Texas — page 63: what you’re looking at
A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.
📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)
Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.
—Si, porque algun dia me atara de pies y manos para tratarla como a los demas. Ella sin contestar, abrié las esposas y Jim pregunto: — Me permite usted que haga un poco de ejercicio con los brazos? De nada serviria su generosidad si antes no estuviese en condiciones de usarlos. Ella dud6éd un momento, pero valientemente afirm6 con la cabeza. Jim aprovecho el permiso para tratar de recobrar la posicién normal de sus brazos. Un dolor intenso le acometia en el intento, pero sabia que de no sufrirlo, su inferioridad para la defensa seria grande. Aguantando el enorme pinchazo que laceraban sus musculos, flexioné los brazos a un lado y otro, hasta recobrar la circulaci6n normal. Sentia que le parecian de trapo o algod6n, pero era hombre fuerte y pronto conseguiria valerse de ellos. Un rumor de voces fuera de la choza, alarm6 a Vera; ésta suplicd: —jRapido! jAlguien viene! Colocéd las esposas en las manos de Texas y abandon6é rapidamente la estancia. Jim adopt6d la postura que hasta el momento habia tenido, pero su cerebro era un caos de encontrados pensamientos. No acertaba a explicarse la generosidad de aquella mujer altiva, fiera y salvaje, que le odiaba precisamente porque sabia que la ilusi6n de su vida respecto a él era un imposible. Pero reflexionando mucho, una duda le salté6. ;No seria mas bien que una generosidad una venganza? Si realmente su salvacién de nada le servia para intentar sacar de sus garras a Stella, ¢qué infierno seria su existencia después, sabiendo que ella habia sido la causa de la pérdida de aquel gran amor? Una rabia sorda le invadi6 al ponderar esta posibilidad y estuvo tentado de faltar a su palabra y aprovechar aquella libertad para deshacerse de sus enemigos cuando acudiesen en su busca, pero el sentido del honor pudo en él mas que nada y desisti6. Arrostraria las consecuencias de aquella promesa y después... después, si todo sucedia a gusto de sus enemigos, que temblasen, porque su venganza seria horrible empezando por la propia Vera. Con los nervios en tensién, esper6. Temia que en una revision de cConniclooolks C@©