Pulp Fiction, 1940 · page 55 of 102
Aventuras de Jim: Texas — page 55: what you’re looking at
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— Qué no sabéis qué hacer?, jmaldita sea Guadalajara! Yo os lo diré a tiros, hatajo de borregos... Ya estais buscando a la senorita por toda la hacienda y por donde no es la hacienda... Alguien se la ha llevado... sPara qué creéis que necesitaban deshacerme a mi esta maldita calabaza que tengo sobre los hombros, sino para quitarme de en medio creo yo y llevarse a la senorita? jBuscarla, por Judas!... Y como no la encontréis, os prometo daros tantos tiros como me va a dar a mi el patroén cuando se entere. Los peones se apresuraron a deshacer el grupo y el guardian de la entrada a la hacienda, se encaro con Nino diciendo: —Fso esta bien, pero, gqué me dices de lo del caballo del patrén sin jinete? «Huracan» no es capaz de venirse solo sin una raz6n. Hay que averiguar que le ha sucedido antes que todo. Nino que estaba a punto de reventar a causa de la emocion y la angustia, rugio: —jOh si, creo yo que si, pero!... spor d6énde empiezo, maldita sea Jalisco? El patron... la senorita Stella... jOh! Todo esto no puede ser obra mas que de ese chacal de Zenker, maldito sea su coraz6n y como yo consiga atraparle... jPor la virgen de Guadalupe!... ¢Qué hago yo? jSi estoy tan ciego que no se me ocurre nada! Nino estuvo a punto de romper a llorar como un nino y el pedén compadecido, dijo: —Debes calmarte, Nino, estudia la situacién, ¢ddnde fue el patr6én a caballo? —A Sherwood, a ver a... jPor todos los diablos del infierno! Alli deben haberle cazado y yo... yo... jLarry, que se preparen doce hombres que sean doce fieras para venir conmigo! Yo no puedo hacer todo, pero encontrar al patrén... eso si y luego... luego que me vuele esta baya vacia que tengo sobre los hombros por cabeza... Me estara bien empleado, jpor pringao creo yo! El peén se separ6é de él y Nino rabioso, corri6 por todas partes haciendo preguntas a uno y a otros, tratando de averiguar algo que le diese una pista. S6lo pudo sacar en claro que los tnicos extranos que habian estado en la hacienda eran los encargados de conducir los dos carros cargados con la carne. Nino, sospechando la verdad, ordeno: —Una docena de peones a todo galope hasta alcanzar los carros. cConniclooolks C@©