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Pulp Fiction, 1940 · page 52 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 52: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 52: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Alli oculto, habia un calesin cerrado con cuatro poderosos caballos. El viejo se aped de uno de los carros y dio orden de trasladar a la muchacha al calesin, en el que tomo asiento en el pescante haciéndose cargo de la direccién de los caballos. Los carros siguieron por la senda tranquilamente, y el calesin a campo traviesa, alejandose cuanto mas de la propiedad de Texas, se perdio por el Oeste, nadie sabia hacia dénde. Toda la operaci6n se realiz6 en menos de una hora. Si se descubria la falta de Stella y se registraban los carros, nadie encontraria en ellos rastro de la joven. ele ale ele rAN a AY Habian transcurrido cerca de tres horas desde que se cometiera el audaz rapto y nadie se habia dado cuenta de él. Los peones se dedicaron a borrar las huellas de la matanza y en el resto de la propiedad, cada cual se cuidaba de sus faenas sin preocuparse de cosas que no le incumbian. En cuanto a Stella y Nino, como éstos campaban por sus respetos por la dilatada propiedad, nadie tenia por qué preocuparse de ellos ni seguir sus pasos. Pero un hecho inquietante produjo la alarma en la hacienda y derivado de él, se vino a descubrir antes que nadie pensaba parte de lo sucedido. Un caballo sin montura avanz6 veloz por la senda que bordeaba la cerca espinosa de la hacienda y cuando el noble animal lleg6 al lugar donde el cercado se abria para dar paso al rancho, enfocd a todo galope la senda, llamando la atenci6én del peén que cuidaba aquel lado de la propiedad. Fl guardian sali6 de la cabana que le servia de refugio y reconoci6 rapidamente al animal. Se trataba de «Huracan», el caballo favorito de Texas, pero éste regresaba sin montura. El peén alarmado, corri6 tras él intentando detenerle, pero «Huracan» no atendio sus llamadas y tnicamente pard en seco cuando se encontr6 a la puerta del porche. Alli relinch6 sonoramente varias veces, como si llamara a alguien y cuando el peodn consiguié llegar hasta él, observ6 que venia cubierto de polvo y sudoroso de una larga caminata. (a cConniclooolks C@©