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Pulp Fiction, 1940 · page 95 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 95: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 95: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Cuando llegaron a la plaza, el ruido de los cascos de los caballos era como una tormenta en crescendo, y Yore, alarmado, abandon6é vivamente el sitio donde estaba sentado para salir a enterarse de lo que sucedia. Cripps, deteniendo el caballo junto a él, pregunto: —Quién es el sapo indecente que ejerce la Ley en esta pocilga asquerosa de pueblo? Yore, rabioso, se repleg6é hacia atras rugiendo: —Oiga, yo soy el sheriff y no... — Usted? ;Maldita sea su podrida alma!... ;Andando! jEche por delante de los caballos y corra hasta que le salga la lengua por los ojos! ;Llévenos a la mina "La Esperanza”! Yore, furioso, trat6 de sacar el revélver, pero Cripps saco el pie del estribo y se lo aplicé brutalmente en la boca, rugiendo: —jCarrona indecente, si no sales trotando ahora mismo, te levanto la tapa de los sesos a tiros! El sheriff, arrojando sangre por la boca, comprendi6é que no tenia defensa posible y estimando que aquel barbaro cumpliria su promesa, echo a correr en direcci6n a la mina seguido por el grupo de "cowboys”. Pero era tal la impaciencia del capataz, que estimando que Yore no corria lo suficiente, gritd: —jVamos, "Chacal”! j|Haz correr un poco mas a este tipo! El inteligente perro salt6 del caballo y mostrando sus terribles dientes, se arrojO sobre el sheriff, quien seguro de verse destrozado por él, sac6 fuerzas de flaqueza y avivo el galope cuanto pudo. Pero la distancia era larga para sostenerla en una carrera y llegé un momento en que el sheriff, falto de aire en los pulmones para seguir, se dej6 caer a tierra musitando con voz silbante: —jNo puedo... mas!... Alli... después de... aquellos desmontes... esta... la mina... Un peon interrogo a Cripps: — Qué hacemos con este reptil? Cripps no contesto. Se limit6 a mover la mano y disparar un tiro. Yore cay6 para siempre con la cabeza destrozada. —jUn sapo menos! ;jAdelante! A todo galope, siguieron el camino indicado y desde lo alto de la senda, descubrieron la glorieta con las pequenas cabanas y los cConniclooolks C@©