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Pulp Fiction, 1940 · page 96 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 96: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 96: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

tinglados de la mina. —jAlla abajo esta!... jVamos!... Disparar contra el primero que salga a recibirnos. Irrumpieron en el llano, pero, extranados, observaron que todo estaba desierto. No se veia alma viviente y los aparatos de explotaci6n se hallaban parados. —Registrar a ver dénde andan metidos esos coyotes. Se hizo un registro sin descubrir a nadie, pero uno de los peones, descubri6é los caballos de Texas, Nino y Stella. —Aqui estan sus monturas — dijo—; no pueden andar muy lejos. —Pues vamos a entrar — advirtio otro, senalando la boca de la mina. —No te molestes, Bob — advirtid Cripps—; el patrén dice que la mina esta hundida y que estan dentro... No lo entiendo... Si estan dentro, gcOmo pudo telegrafiar? —Saldria a hacerlo y volveria. —Un poco raro parece, pero si asi fue, gcOmo entr6? —Habra alguna otra entrada. Casi todas las minas la tienen para renovar el aire y escapar en caso de hundimiento. —Tienes razon. Andando. Desperdigaros por ahi y a buscar otra entrada. ;Vivos! pueden estar corriendo un grave peligro. Pero cuando discutian la cuesti6n, ‘Chacal’, que husmeaba la tierra y que habia penetrado por su cuenta en la hundida galeria para después regresar a la planicie, siguid con el hocico pegado a la tierra y escap6 rodeando el talud. —Seguidme—Orden6é Cripps— “Cha- cal” encontrara la pista. Vamos, precioso, el amo Texas te necesita. El perro gruné sordamente, como si sintiese la misma rabia que los peones, y sigui6 rastreando la tierra, introduciéndose por entre jaras y desmontes, siempre sin despegar su cabeza del suelo. El grupo, con los "Colt” empunados, le siguid atentamente y el inteligente animal se introdujo por lugares que los peones hubiesen desdenado no juzgandoles aptos para poseer una entrada a la mina. Por fin, se detuvo ante un agujero que ocultaba un gran macizo de plantas silvestres y grund sordamente: —Creo que ya la hemos descubierto—afirm6 el capataz—. Esos granujas la habian disimulado muy bien para que no fuese cConniclooolks C@©