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Pulp Fiction, 1940 · page 94 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 94: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 94: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

rancho enclavado a muchas millas de Blocksburg, donde pidieron caballos de repuesto. El nombre di Texas fue un talisman y les fueron facilitadas monturas de gran resistencia. Galoparon todo el dia hasta agotar su resistencia y cuando llegé la noche, hicieron un alto para tomarse algtin descanso. De madrugada, reemprendieron la marcha. En una sola jornada habian devorado mas de 45 millas y en la siguiente tenian el proyecto de cubrir el resto. Fué en otro rancho de la montana donde consiguieron caballos de refresco. Texas era tan popular en el valle del Sacramento, que nada habia imposible para él cuando se invocaba su nombre. Y asi, con caballos siempre agiles y poderosos y con la resistencia de aquellos hombres duros, que sabian en peligro al hombre a quien todos adoraban, Ilegaban a las puertas de Red Bluff casi a la caida de la tarde. Cripps, un hombre duro y valiente, dotado de un cardacter impetuoso, que ante nada retrocedia por espinoso que fuese, detuvo a sus hombres a la vista del poblado y advirti6: —Fl patré6n me ordena que me lleve por delante cuanto se oponga a nuestro paso y en particular al sheriff de esta asquerosa aldea. Adelante, y al primero que se interponga ante las patas de los caballos, meterle dos onzas de plomo en la cabeza. Como un alud desprendido de lo alto de una montana, penetraron en el pueblo sembrando la alarma y el panico entre sus descuidados habitantes y cuando enfocaron la calle principal, Cripps, que caminaba en vanguardia, frend un momento su caballo junto a un "cowboy” que transitaba en sentido contrario y tomandole por la fosca cabellera, pregunto: —jEh, amigo! ;D6onde estan las oficinas del sheriff? El vaquero pretendi6 defenderse de aquella agresién, pero el capataz, rabioso, grito: —jPronto o le clavo cuatro tiros en esa cabeza de abejorro que tiene! El agredido extendi6o el brazo, exclamando: —Por la segunda calle a la izquierda; al final, en una plaza, las encontrara. Cripps le solt6 con violencia y el grupo desbocado siguié la ruta indicada. cConniclooolks C@©