ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 88 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 88: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 88: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Alguien retrocedié para volver con un bote de alquitran y estopas. Las mojaron bien en el liquido, las ataron a la punta de un palo y pronto media docena de llamas ardieron en sus manos dispuesto a lanzarlas contra el tinglado. Nino adiviné la maniobra y lanzando una terrible maldicion, rugio: —jMalditos pringaos!... Quieren asarnos vivos. Me parece que el asunto se va a poner muy feo, creo yo... No sé qué hacer para... En aquel momento vibraron dos secos disparos desde uno de los lados de la galeria y la voz terrible de Texas grit6: —jAdelante, Nino, soy yo! jBarramos a estos sapos! La voz de Texas fue como un acicate para el mejicano. Este, sin medir el peligro, salt6 peligrosamente a tierra desde una altura impresionante y pegandose a ella, disparé rabiosamente contra los incendiarios, gritando: —jAdelante, manito! ;Viva Texas! Los inesperados disparos de Jim cogiéndoles de flanco y las nuevas posiciones que el mejicano habia tomado audazmente, impresionaron a los mineros, quienes alocados al ver caer a un par de companeros, abandonaron las estopas encendidas arrojandolas al suelo y emprendieron la fuga hacia la salida, precedidos de Zenker, que fue el primero en sentirse flaquear. Fué un momento de panico, que Jim aprovecho para unirse a Nino y arrastrandole tras él, ordend: —jArriba otra vez, Nino, aqui pueden freirnos a tiros desde los recodos! Necesitaba reunirme con vosotros y no he tenido mas remedio que exponerlo todo para ello. Ascendieron raudamente, retirando tras ellos la escalera y Stella, emocionada, exclamo: —jOh, Jim, qué momento mas angustioso he pasado! jCrei que iba usted a caer para siempre! —jBah! Aun no me ha llegado mi hora. Tome, Stella, coma y beba algo, estara usted desfallecida. Ti también puedes hacerlo, Nino, pero con prudencia. Hemos de tener para un par de dias o tres con estas provisiones. Mientras Jim vigilaba, el mejicano abri6 el morral extrayendo los comestibles y las botellas y sus ojos chispearon de codicia: —Bueno, manito, con esto creo yo que soy capaz de estarme cConniclooolks C@©