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Pulp Fiction, 1940 · page 39 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 39: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 39: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El caballo, lanzado por un terreno duro, bati6 con ruido sus cascos sobre el sendero y los forajidos al sentir galopar a su espalda, se detuvieron creyendo que se trataba de sus companeros que acudian en su ayuda, o a darles algun informe de los fugitivos. Texas se lanz6 en pos de él ordenando severamente a Stella que quedase a retaguardia. —No se adelante por lo que mas quiera, 0 nos expondria a un serio peligro por preocuparnos de usted. Nino y yo nos bastamos para ahuyentar a ese punado de coyotes. La muchacha ante la advertencia se contuvo. Por nada del mundo queria ser la causa de que Texas expusiese su vida mas de lo necesario. Ambos aventureros se adelantaron al grupo que esperaba intrigado, pero debieron darse cuenta de que no se trataba de companeros suyos, porque hubo un movimiento de inquietud en el grupo y se disgreg6 dispuesto a hacerles frente. Antes de que tuviera tiempo de disparar, ya Nino lo habia hecho y uno de los forajidos alcanzado mortalmente en un costado, cay6 del caballo, siendo acogida su caida con un terrible griterio y una lluvia de disparos. Texas y Nino galopaban desaforadamente para evitar que pudiesen fijar la punteria sobre ellos, empezaron a girar vertiginosamente alrededor de sus enemigos, disparando con la fina punteria que poseian. La pelea dur6 escasamente diez minutos al cabo de los cuales, tres forajidos habian mordido la tierra y los otros tres, uno visiblemente tocado, emprendian una vergonzosa fuga camino del poblado, acosados durante un buen trecho por Nino, que no se mostraba contento con tan escaso resultado. Cuando se convenci6é de que el miedo parecia haber puesto alas a los caballos, regresé junto a Texas, el cual ya se habia reunido con Stella. Esta, muy emocionada, dijo: —jOh, he pasado un momento terrible! Creo que nunca me acostumbraré a ver caer a los hombres muertos con esta facilidad y por causas tan poco nobles. —Bien, pero también los que defienden causas nobles suelen caer a sus manos, no lo olvide, y entre unos y otros, lo justo es que cConniclooolks C@©