Pulp Fiction, 1940 · page 40 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 40: what you’re looking at
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caigan los que se ponen en contra de la ley y de la justicia. Nino, refunfunando, exclamo: —jSon unos pringaos cochinos o asi, maldita sea su figura! Tanto presumir alla en el pueblo y luego, ya ves, lo mismo que coyotes. —Ya esta bien, Nino. Por ahi tienes tres carronas tiradas. Si tanta hambre tienes, puedes hacerte una mistura de higado. —Para qué me envenene 0 asi? Deja a los buitres su raci6n que también tienen derecho a la vida. Texas se qued6 contemplando los barracones, que abajo en el llano seguian débilmente iluminados por los quinqués de petréleo. Nada anormal se escuchaba en ellos y comento: —Es posible que no hayan oido el tiroteo desde alla abajo? No estamos tan alejados. —Puede que como el aire soplaba de alli... gQué pretendes, manito? —Por esta noche, nada. No quiero aventurarme a ir a la mina a estas horas. Nada adelantariamos. Por otra parte, esos cobardes podrian volver con refuerzos y cogernos en esas parrillas. Prefiero buscar un refugio donde pasar lo que queda de noche y cuando salga el sol, bajar a echar un vistazo. —Bueno va, buscaremos alguna topera o asi. jMaldita sea Sonora! Esta visto que no puedo dormir en blando mas que una docena de dias al ano. — Qué mas te da, si no distingues un canto de una yacija rellena de lana? Tienes los huesos curtidos. —Bueno, pero, <y la ilusié6n de saber que se duerme en blando, aunque no se sienta? Texas se dedic6é a examinar el terreno en busca de un lugar asequible para descansar. No era dificil encontrar hoyos y fisuras, pues aquella parte del terreno a un lado y otro de la senda era muy abrupto. Escogi6 un pequeno claro rodeado de penascales al que sdlo se podia llegar de frente. Podian sufrir una sorpresa y debia tomar todas las precauciones posibles. Con hojas secas amontonadas, fabricé6 un lecho para Stella, cubriéndole con la manta. Luego, la ofreci6 su encerado para que le sirviese de cobertor. cConniclooolks C@©