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Pulp Fiction, 1940 · page 35 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 35: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 35: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Se trata de que cuando intenten empujar la puerta, banqueta y recipiente caigan al suelo armando un estrépito de mil diablos. Cuando lo hayas colocado, salta por la ventana a la corraliza y espérame alli. Nino pareci6 comprender, porque exclam6: —jBueno va, manito! Ya caigo... Esperas visita... —Si, y ruidosa, por eso he tomado estas precauciones. Date prisa, que voy a preparar aqui la trampa. Mientras Nino obedecia, Texas colocéd la banqueta y la palangana en la forma que habia indicado y luego se asom6 a la ventana. — Qué intenta usted hacer? —pregunto Stella. —Prepararles una trampa. Estoy seguro de que dentro de muy poco, una partida de lobos rodeara este hotel con animo de apresarnos. Estamos en plena guarida enemiga y desde el sheriff al ultimo indeseable, estaran de acuerdo para suprimirnos. Por eso quiero convencerme y darle a entender que conmigo hay que andar con suelas de plomo. Cuando distinguid a Nino moviéndose silenciosamente en el cobertizo, advirtio a Stella: —Va usted a bajar por la ventana. Aunque esta un poco alta, yo la sujetaré desde aqui por los brazos y la caida sera mas corta. Suba. La muchacha, sin replicar, mont6 sobre el alféizar y Texas tomandola por los brazos, la dejé escurrir a lo largo de la pared, hasta dejarla pender de la jamba. Luego la solt6, siendo recibida por Nino. Después salt6 elasticamente, reuniéndose los tres en la corraliza. —Abre con cuidado la puerta —ordenéd Jim—, y saca los caballos sin hacer ruido. Yo vigilaré por si nos descubren. Fl mejicano sacé las monturas y cuando se vieron en el descampado, anadio Texas: —Vamos a ver si encontramos un refugio no lejos de este antro. Quiero convencerme de que mis sospechas no eran infundadas. A unos cien metros, unos desmontes les facilitaron un buen refugio. Detras del terraplén, podian distinguir el hotel sin ser vistos. —Bueno —advirtid Texas— quizas tengamos que esperar un buen rato. Ahora, si tienes hambre, abre unas latas de conserva y cConniclooolks C@©