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Pulp Fiction, 1940 · page 36 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 36: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 36: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

corta unos pedazos de jam6on. Distraeremos el tiempo. Nino obedecié con diligencia y repartid los comestibles que fueron devorados en silencio, sin que nada turbase la calma que reinaba en tan obscuro lugar. Transcurrié mas de una hora sin que nada alarmante se produjese y cuando Texas se estaba preguntando si se habria equivocado en sus sospechas, Nino, que vigilaba atentamente con el rifle en la mano, susurro: —jCuidado, manito! ;No ves o asi? Me parece que andan fantasmas rondando por detras del hotel. —Ya veo, Nino. Me figuro de lo que se trata. Piensan dar un asalto en regla y toman posiciones para que no podamos huir por esta parte. Ese buitre esquelético de dueno les habra informado de que nuestras habitaciones poseen ventanas a la corraliza. —jBueno va, si quieres, puedo divertirme un ratito, creo yo, tirando al blanco! —Tu no te moveras, Nino. Déjales que se diviertan ahora ellos. Ya nos llegara la hora. El mejicano refunfuno con la orden, pero obedeci6. Desde su escondite, podian distinguir con bastante precision los bultos moviéndose en la penumbra azulada de la noche. Eran media docena armados de revolver y habian formado un circulo alrededor del cobertizo, sin dejar de contemplar atentamente el grupo de Ventanas que se descubrian por aquella parte. Un silencio impresionante reinaba entorno a ellos. Debian estar haciendo sus preparativos con mucha cautela, no desconociendo lo peligrosos que eran aquel par de enemigos. Poco mas tarde, el silencio se vio turbado por el agrio rumor de algo metalico que caia al suelo produciendo un golpe vibrante. Luego, estallaron voces descompuestas, gritos, Ordenes y llamadas y hasta ellos lleg6 claramente una voz ruda que grunia: —jMaldicién, se han escapado!... jJames!... jLewis!... gNo se ve nada por ahi? Uno de los que vigilaban la parte trasera del hotel, grito: —jAqui no, maldita sea su estampa! ¢Céomo habran podido largarse? La voz primera, ordeno: —Id en busca de vuestros caballos. Tenemos que perseguirles. cConniclooolks C@©