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Pulp Fiction, 1940 · page 27 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 27: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 27: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

cada uno por los cabezones, tiré de ellos haciendo chocar sus testas con tal violencia, que dos agudos gritos de dolor brotaron simultaneos al golpe. — Te ries, manito? —pregunt6 Nino, con sorna. —Atn no, Nino... Me ha hecho poca gracia. —Pues espera no mas, que veras cémo estos pringaos te hacen reir hasta que sueltes las tripas por la boca o asi. Tiréd de ambos con tal fuerza, que los hizo caer de cabeza de sus monturas y luego, saltando elasticamente sobre ellos, les colocé sobre la cintura sus poderosos pies, al tiempo que inclinandose, les asia por los cabellos, gritando: —jArre jamelgos, maldita sea Sonora! Ya estais trotando hasta las oficinas del sheriff y como me dejéis caer, os clavo un tiro o asi en cada hueso de la espina dorsal, para que no os estorbe al andar. Texas salt6 la carcajada, mientras Stella se llevaba las manos al pecho con emoci6én y Jim dandose cuenta, ordeno: —Basta, Nino. Hay una senorita a la que ciertas cosas no haran sonreir nunca. Espera que ato las manos a este par de coyotes para que no intenten usarlas alocadamente y se suiciden ellos mismos y luego les montas a caballo. Vamos a ver a “Papa Yore”. Texas tom6 un punado de cuerdas que siempre llevaba encima y at6 las manos a la espalda de los ayudantes del sheriff, mientras éstos lanzaban maldiciones y amenazas sin cuento y después Nino, les iz6 sobre las sillas diciendo: —jAdelante, sapos indecentes, maldito sea Jalisco! Y al que le oiga yo rezar le aplasto la cabeza como a un coco. Los dos sujetos se vieron obligados a dirigirse a las oficinas guiando al trio. Texas se habia colocado en vanguardia con los revélveres empunados vigilando la calle mientras Nino a retaguardia, echaba unas miradas feroces a los pocos transetntes que se habian dado cuenta de la situaci6én de los dos ayudantes y se detenian a contemplarles extranados. Por fin llegaron a una especie de plazoleta donde estaban instaladas las oficinas. Los dos jinetes se detuvieron y Texas ordendo: —Dales un rato de palique, Nino. Les conviene un poco de distraccién. Acaso les entusiasme que les digas algo gracioso del caballo de Atila. Nosotros vamos a ver a papa, que debe estar esperandonos con los brazos abiertos. cConniclooolks C@©