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Pulp Fiction, 1940 · page 25 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 25: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 25: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—No sé si decidirme a penetrar ahora de noche o esperar a que sea de dia. Cada cosa tiene sus pros y sus contras. —En eso no soy opinion. Usted decidira. —Consultaremos con el caballo de Atila, aunque supongo que haciendo honor a su raza, optara por adelantar los cascos inmediatamente. Stella rio la ironia y ambos descendieron de la loma en busca del mejicano. Este impaciente, esperaba la opinién de Jim y al verle avanzar, pregunto: —Bueno, manito, ;qué diablos hacemos aqui? ;Es que vamos a pasar otra nochecita al fresco o asi? Creo yo que ya es hora de dormir bajo techado, jrepinto! — Tienes prisa porque te abran respiraderos en la piel? —A mi, maldita sea Sonora? Tengo varios en la cara para echar el aire y me sobran, creo yo. —Pues tt. decidiras. De noche, puede que pasemos mas desapercibidos pero si nos tienden una emboscada, sera mas dificil descubrirla y de dia, podemos descubrirla con mas facilidad, pero también a nosotros pueden vernos antes de que podamos evitarlo. —Entonces, vamos alla, jrepinto! Tu nunca te has parado a pensar lo que te conviene. Has hecho lo que has querido. De noche es cuando salen los sapos de su madriguera, creo yo y por ello, es mas facil conocerlos. —Bien, ti ganas, Nino. Alguna vez tenias que decir algo con sentido comun. —jOh, claro! Aunque tt creas que la insicrasia esa que dices que padezco no me deja pensar, pienso. —Pues adelante, Nino y si atraviesas tu rifle sobre la silla para tenerlo mas a mano, mejor. —No, manito, a corta distancia manejo mejor el revolver. Lo desenfund6 colocandole delante de él y los tres descendieron por una pina senda, hasta alcanzar una estrecha y polvorienta carretera que conducia al poblado. Cuando se acercaban a éste, descubrieron junto a las primeras casas del pueblo y situados precisamente a los lados de la senda, dos jinetes que parecian cerrar el paso, Texas observ6 el detalle y murmur6: —jAtencioén! Veamos qué hacen ahi esos fantoches. cConniclooolks C@©