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Pulp Fiction, 1940 · page 18 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 18: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 18: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Stella se ruboriz6 al oir el galanteo y para ocultar el rubor que habia acudido a su rostro, se inclind sobre el plato enmudeciendo. Jim la contempl6 de reojo y sonrio. Luego, poniéndose serio, anadi6: —Bien, puesto que tanto le gusta esto, espero que para gozar de ello a su gusto se decida a permanecer aqui, en tanto que Nino y yo vamos a echar un vistazo a su mina. Ella se irguié fieramente y sin vacilar, afirm6: —No lo suene, Jim. Yo no puedo estar aqui nada mas que cuando usted esté. Se ha empenado en correr una peligrosa aventura en interés mio y mi deber me lleva a su lado. Pueden suceder cosas tragicas y no me perdonaria estar aqui tranquila y gozosa, mientras usted se hallase en peligro de muerte. Le he dicho y repito, que o renuncio a la herencia, o hasta que ésta quede liberada no me separaré de ustedes. —Pero como le voy a decir que su presencia... —No me lo repita. Ya sé que me he comportado como una nina cursi, que solo sirvo para estorbar, pero he cambiado mucho. Mi prima me ha ensenado a ser enérgica. He comprendido que si para el mal se puede ser valiente, para el bien tenemos la obligacion de serlo. Me avergonzaria pensar que otra mujer de mi misma sangre se expone a un peligro por una causa buena o mala, y yo por la mia, tan buena como la mejor, me quedase en un rinc6n traspasando a hombres generosos como ustedes el peligro que debo correr la primera. ;Qué hubiese tenido que hacer sola y sin su ayuda para defender mis derechos? —No es igual... Se hubiese quedado usted sin su patrimonio. —Quiza. Pero ustedes me han abierto los ojos... Jim, jpor lo que mas quiera, no me deje aqui! Me moriria de angustia pensando en ustedes en su situacién y en los peligros que pudieran correr... Le prometo comportarme cémo debo y no ser en ningtin momento un estorbo inttil. Jim apelé a toda su elocuencia para convencerla sin conseguirlo, hasta que por fin, dijo evasivo: —Bien, ya veremos. Ella se levanto de la mesa, diciendo: —FEscticheme bien, Jim: no admito enganos. No pretenda sumirme en la duda y luego aprovechar las sombras para marcharse cConniclooolks C@©