Pulp Fiction, 1940 · page 12 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 12: what you’re looking at
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llegara Texas. Ansiosos por poderse reunir con Zenker y evitar que éste pudiese caer en alguna celada si atin podian llegar a tiempo, tomaron el tren y directamente llegaron a la capital de Texas, pero, precavidos, sabiendo que pisaban terreno peligroso, no sé hospedaron en la capital, sino que se dirigieron a una pequena granja a la distancia de una milla. Granja propiedad del financiero, pero cedida en explotaci6n a un individuo que le habia servido muy bien en diversas ocasiones y al cual tenia de reserva para casos concretos. Padre e hija se ocultaron en ella sabiendo que alli no llegarian las sospechas y como se hallaban cansadisimos, decidieron pasar la noche sin iniciar gesti6n alguna en la capital. Después de cenar, se disponian a buscar descanso en el lecho, cuando una visita inesperada les conmovidé hasta lo mas intimo. Zenker, jadeante, cansado, flaccido y acusando los dias de prision, se present6 en la granja buscando asilo después de su huida, pues sabia del refugio y lo conservaba inédito para casos apuradisimos. Al encontrase con Spack y su hija, sufri6 una sacudida nerviosa. Todo lo hubiese esperado menos aquello, como el financiero y Vera no esperaban verle alli y entre ellos, se establecié un violento cambio de impresiones en el que todos se acusaban del fracaso y ninguno queria reconocerse autor de él. Fué Vera la que puso fin a la disputa, diciendo: —Lo elemental no es lo que ha sucedido, sino lo que pueda suceder. Texas se habra apresurado a venir aqui creyendo que Zenker esta ya en sus manos y en cuanto sepa que ha conseguido evadirse de ellas, yo presumo lo que piensa hacer. — El qué? —pregunt6 Spack. —Dirigirse rapidamente a Red Bluff para apropiarse de la mina. No olvidéis que hizo un registro en nuestra casa de Washington y que a estas horas obran en su poder todos los papeles que Zenker guardaba creyendo que alli eran invulnerables. —Ustedes también lo creyeron—dijo el secretario pretendiendo justificarse. —Bien, el caso es que los tiene él. Posee el plano de la mina, el emplazamiento, los limites, el registro de propiedad y todo lo que necesita para echar a nuestros hombres en cuanto llegue y quedarse con ella. Si podemos llegar antes que él, quiza la cosa no sea tan cConniclooolks C@©