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Pulp Fiction, 1940 · page 71 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 71: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 71: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

mano. A través de los matojos en que se amparaba Mendoza, descubri6 en el que avanzaba a su compatriota, el gigante. Gonzalez, y sin detenerse a pensarlo, apunto entre el boscaje y dispar6o. El mejicano acus6 el impacto, pero contest6 guiandose por la detonacion, y Nino, que se habia arrojado a tierra inmediatamente, repitid el disparo cuando su enemigo, impetuoso, avanzaba con rabia buscandole. Gonzalez cay6 a tierra, pero aun tuvo tiempo de descargar su revolver, rasando el suelo. Fue un milagro que las balas silbasen junto a la cabeza de Nino, protegiéndole un pedrusco que se interpuso ante los proyectiles. De ambos lados contestaron al azar. Gritos de rabia infinita habian acogido las detonaciones que venian a perturbar la maniobra que se llevaba a efecto, y rabiosos, buscaban al inoportuno para dar fin de él. Pero Mendoza, agazapado, esperaba. No habia localizado al resto de sus enemigos y no queria exponerse neciamente, y su oido, atento, vigilaba todo rumor que pudiera producirse. Por fin alguien llam6 a Gonzalez por lo bajo. Nino se guio por la voz y dispar6, saltando inmediatamente a dos metros de distancia. El fogonazo ilustr6é a sus enemigos y varias detonaciones vibraron, yendo los proyectiles a clavarse en la tierra, donde segundos, antes se protegia. Pero le habian facilitado una referencia para disparar sobre seguro y lo hizo. Un grito ronco le dijo que habia vuelto a hacer blanco, con lo cual solamente quedaban cerca de él cuatro forajidos. Estos, alocados viéndose descubiertos, disparaban rabiosamente, buscando a su invisible enemigo, mientras Nino, escurriéndose de un lado para otro, disparaba guiandose por los fogonazos, pero observaba que éstos parecian alejarse insensiblemente. De subito cesaron, y Nino qued6 con el oido tenso. Acaso habian cambiado de tactica y ahora se dedicaban a buscarle en silencio, tratando de acorralarle. Durante algunos minutos permaneci6é tenso, escuchando con avidez, hasta que, subitamente, capt6 el galope de caballos que se alejaban raudamente. Rabioso y sin mostrar prudencia alguna abandono su refugio entre los helechos y avanzo6. Nadie sali6 a su cConniclooolks C@©