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Pulp Fiction, 1940 · page 70 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 70: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 70: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El bandido, creyendo que si hablaba podria salvar su vida, balbucid: —Iban a escurrirse por las grietas del talud para penetrar en el rancho. Hace mucho que se fueron. —Quién mas hay por aqui? Di la verdad, porque si intentas enganarme, te arranco el corazén y te lo pongo de mordaza, me parece a mi. —Hay otro en aquel lado, detras de unas piedras. Los demas se fueron con el jefe. —Bien. Voy a ver Si es cierto. Con un trozo de cuerda que habia conservado le _ trabd, amordazandole con su propio panuelo, y lo dejo tirado en tierra, dirigiéndose al lugar indicado. No tard6 en localizar al segundo vigilante. Estaba apoyado en un arbol, de espaldas a Nino, y éste, comprendiendo que no podria atenazarle por el cuello como al otro, porque se lo impedia el arbol que le protegia, sacéd el cuchillo y de un salto cay6 sobre él, clavandoselo en un costado. El rufian emiti6 un grunido impresionante y cay6 a un lado del arbol. Nino limpi6é el cuchillo en su ropa, lo guard6 y arrastr6 al caido, escondiéndolo entre unos helechos. Luego, teniendo libre el camino de espias, avanzo hacia la parte accidentada que conducia hacia el pequeno talud, a cuyo amparo se levantaba el rancho. Buscaba las zonas de sombra, los arboles gruesos, los matojos crecidos, medio arrastrandose, con los revélveres prestos a vomitar la muerte, y asi, dando un pequeno rodeo, se fue acercando hasta captar un rumor de voces no muy separadas de él. Ahora los bandidos no se hallaban aislados. De no haber aumentado, quedaban seis y Zenker, y este numero no impresion6 a Nino, quien desdenaba pelear con cantidades inferiores a aquella. Avanzaba con precauci6n para acercarse lo mas posible, cuando su pie pisd algo blando que rebullé debajo y se escurri6é de ellos. Nino mascull6 una maldicién y el objeto, que acaso fuese una ardilla o un conejo, sorprendido en pleno sueno, huy6 despavorido, produciendo un roce alarmante entre las secas hierbas. Los que hablaban cesaron en su conversacion, y uno exclam6: —jCuidado!... Alguien anda por ahi... Silb6 de una manera especial y avanz6 con un revolver en la cConniclooolks C@©