Pulp Fiction, 1940 · page 54 of 104
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 54: what you’re looking at
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Este clav6 sus enormes piernas calzadas con altas botas de cuero, sobre el piso, y adelantando el brazo izquierdo grit6: —Cuando quieras, asqueroso gringo. Preparate que te voy a hacer un collar de tripas que va a ser la diversi6n de todos tus amigos. El mejicano no contest6, pero adelanto el pie y tanteé con una brusca acometida las posibilidades de su rival. Este se encogi6 hacia atras burlando el golpe y estiré el brazo de frente, casi rozando el rostro del mejicano, pero Gonzalez no demostr6 miedo alguno con aquel conato de peligro. Con los dientes muy apretados y los ojos clavados en las manos de su contrario, se movia con cierta flexibilidad a pesar de su corpulencia y Zenker adivinaba que era maestro en aquella clase de lucha y que terminaria por vencer a su rival, apelando a algun truco mortal que el otro desconociese y no pudiese evadir. Con un juego rapido de manos, busco su pecho, pero Billy pudo cubrirse con la chaqueta, en la que qued6 la marca del afilado cuchillo del mejicano y devolvié el golpe parado con habilidad de la misma manera. Durante cinco minutos, ambos lucharon con _habilidad, intentando golpes decisivos que no llegaban a cumplir su mision, aunque Billy habia recibido dos ligeras herida una en el pecho y otra en un muslo, de la que brotaba la sangre escandalosamente. El pirata de rio blasfemaba brutalmente insultando de un modo agobiador a su rival, quien sin desplegar los labios, estaba atento al ataque, pero acusando los insultos en el color agrisado que habia adquirido su rostro. De stbito, hizo una maniobra extrana, amenazo con lanzarse a fondo obligando a Billy a extender el brazo presentando el cuchillo de punta para detenerle, pero Gonzalez se dej6é caer al suelo, apoy6é la mano izquierda en el piso y estirando el brazo contrario por debajo del arma de su rival, que sdlo encontré el vacio en la defensa, le clav6 brutalmente el cuchillo en el vientre. Billy emitid un rugido feroz y dejando caer el arma, se llevé ambas manos al vientre tinéndoselas de sangre. Luego, como un toro herido en sitio vital, se desplom6 produciendo un ruido sordo. El mejicano se irguid haciéndole relampaguear su triunfo los negrisimos ojos y grunhendo rencorosamente: cConniclooolks C@©