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Pulp Fiction, 1940 · page 46 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 46: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 46: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Fstara usted contento, ;verdad? Contintia usted siendo el hombre invulnerable al que atin no le ha llegado su bala al corazoén. —En efecto, ain no me ha llegado. Hace falta reunir muchos y muchas manos asesinas disparando para tocarme con ellas. —jQuién sabe! A lo mejor, la mano que cree usted mas inocente es la que corta su brillante carrera. —No se referira usted a la suya? No es tan inocente como usted supone, senorita. —No me refiero a la mia especialmente, pero no la desprecie, porque también sé manejar un revolver y no me falta coraje para hacerlo. —QQuisiera yo saber qué no sabe usted manejar en el orden de la destrucci6n y el mal. Me apena comprobar que una muchacha tan linda, que podia ser una esposa ideal y acaso una madre modelo, solo sea un pequeno reptil dispuesto a clavar su veneno en cuanto le rodea. Vera enrojeci6 ante el insulto. Jamas hombre alguno le habia tratado tan despiadadamente y mucho mas aquél, que sabia ser el mas certero para clavarle en el alma el dardo de sus palabras. Rabiosa, no quiso seguir hablando, pero Texas, que no se habia calmado atin, continuo: —Como habra sabido apreciar, todo esto es obra de su amado Zenker. Le reconozco un hombre habil, astuto y diligente. Hace una semana nos batiamos en las montanas de Tejas y hoy lo hacernos a muchos cientos de millas. Ain entonces, tan confiado en el triunfo estaba, que dio la cara por un momento, hoy desconfiaba tanto de sus infelices pistoleros, que sabiendo que lo que se jugaba era usted y su amor, ha sido tan cobarde que se ha escondido Dios sabe donde. Como Vera no contestara, decidid dejarla. Un ctmulo de pensamientos atormentaba su espiritu y aunque hablaba para olvidarlos, la imagen y la suerte de Stella no se apartaba un momento de su imaginacion y contra su voluntad eran el eje de sus meditaciones. El calesin siguid rodando raudamente y empezaba a anochecer cuando atin no habian alcanzado el rancho. Texas oblig6 a Nino a forzar la marcha y ya habia salido la luna, cuando al enfocar una verde pradera descubrieron un bonito cConniclooolks C@©