Pulp Fiction, 1940 · page 42 of 104
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 42: what you’re looking at
A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.
📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)
Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.
pistoleros se consideraron seguros del triunfo. Estimaban que les habian cobrado miedo y que pretendian burlarles perdiéndose por zonas extraviadas. Forzando la resistencia de sus monturas, se lanzaron como una tromba por el tortuoso sendero, pero, al descubrir el carruaje detenido y a Texas y Nino montados a caballo, dudaron un momento mas, y animados por Zenker se dispusieron a la lucha. Pero cuando atin no los tenian a tiro de revolver, vibro una detonaci6n y el que caminaba en vanguardia sali6 volteado del caballo con un tiro en pleno pecho. Un rugido de rabia estall6 en el grupo y ocho revdlveres tronaron fieramente, pero sus balas no alcanzaron a los dos intrépidos aventureros, que esperaban con los rifles preparados. —Pregtntales tu, manito —advirtid Nino, fingiendo un aire compungido—. A lo mejor tienes mas suerte que yo o asi y te contestan. Texas, que buscaba la silueta de Zenker, sin descubrirla, levanto subitamente el rifle y, sin apuntar, dispard. Otro de los jinetes abrié los bazos, desprendiéndose del arma, y cayo de bruces sobre el cuello del caballo, en el que se sostuvo por un milagro de equilibrio. El grupo, ante la fina punteria de los perseguidos, se disolvid, desparramandose fuera de la senda, entre los arboles que se extendian a los lados del camino, y Zenker, a retaguardia, hurtando el cuerpo a los disparos de Texas, grund: —Rodearles..., atacarles por ambos lados. Mil délares al que consiga tumbar a alguno ademas del premio ofrecido. Los rufianes, ante la nueva promesa, se reanimaron, y avanzando por los flancos buscaron el modo de rodear el calesin, obligando a la pareja a dividir su atencién a los dos lados de la senda. Texas, sin preocuparse de ello, grit6 a Nino: —Octpate de los de la derecha y yo me ocuparé de los de la izquierda. No les dejes acercarse al calesin, no nos maten algun caballo o hieren a Vera. —No te preocupes, manito, espero que no se atrevan a acercarse a oler donde sdlo huele a pdlvora. Se separaron del carruaje, adelantandose entre los arboles, y a través de éstos, buscaron las moviles siluetas de los caballos cConniclooolks C@©