Pulp Fiction, 1940 · page 43 of 104
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 43: what you’re looking at
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enemigos, que trotaban escudandose en los robles y encinas, para burlar mejor las balas de tan terribles adversarios. Pero éstos eran tiradores demasiado excelentes para que tal maniobra les inquietara. Acostumbrados a luchar durante la guerra en toda clase de terrenos, conocian demasiados trucos, y asi, como si adivinaran por donde iban a cruzar los jinetes, tomaban como blanco los arboles mas corpulentos y disparaban con tal precision, que diez minutos mas tarde, sdlo quedaban tres jinetes de los nueve que habian intentado la persecucion. Los tres, aterrados ante la horrible carniceria que les habian hecho, volvieron grupas iniciando la huida, y Texas, que adivinaba que Zenker no podia, estar muy lejos de alli, concibiéd la sospecha de cazarle. —Te dejo, Nino —exclamé—. Volveré enseguida si no consigo mi propésito. Cuida bien de la prisionera, y antes que dejarla en manos de nuestros enemigos, si sucediese algo, jmatala! Y tras dar esta orden inhumana, que justificaba su estado de animo al pensar en la infeliz Stella, pic6 espuelas a «Huracan» y emprendioé un rudo galope por la senda en la que los tres fugitivos no eran mas que una leve polvareda que se desvanecia. Texas dej6 a un lado el camino vecinal y sali6 a la carretera, ganando terreno a los forajidos. Estos, al verse perseguidos, se dispusieron a la defensa, y sin dejar de galopar, disparaban imprecisamente, tratando de detener a tan obstinado jinete. Pero Texas, despreciando sus disparos, seguia avanzando y ganando terreno, hasta que, estimando que los tenia a tiro seguro, levanto el revélver y dispar6. El proyectil alcanz6 a uno de los caballos en un brazuelo y el animal al sentirse herido, relinch6 dolorosamente y se inclind de costado, lanzando al jinete contra el polvo de la senda para enderezarse inmediatamente y emprender el trote cojeando. El forajido sobrecogido por el panico, suplicé de sus companeros auxilio, pero éstos, viéndose tan en peligro como él, le abandonaron a su suerte, forzando el galope para huir a los tragicos disparos de su perseguidor. El bandido al saberse perdido, clavé la rodilla en tierra y se dispuso a vender cara su vida. Con el revélver empunado, abri6é fuego contra Texas, quien temeroso de que «Huracan» recibiese cConniclooolks C@©