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Pulp Fiction, 1940 · page 41 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 41: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 41: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

dias. Gozoso se retir6, y apresuradamente volvié a la villa donde Spack acababa de regresar, después de buscar a uno de los indeseables a su servicio y darle orden de concentrar unos cuantos secuaces en el puente. Zenker, nervioso, exclamo: —Alégrese, senor Spack, creo que he encontrado la pista. —De verdad? —pregunt6 el financiero anhelante. Zenker, mientras preparaba su caballo, le dio cuenta de lo descubierto, y animandole a tener confianza, corri6 en busca de los forajidos, poniéndose al frente de ellos y emprendiendo el trote se lanzaron por el camino, bordeando el rio. Caminaban al azar, pero Zenker, guiado de su instinto, seguia aquel itinerario, sospechando que Texas se dirigia a algun lugar conocido, precisamente por la zona recorrida por Jim durante la guerra. Cuando pasaron por Woadbrigde, se cruzaron con unos granjeros que venian del interior y les interrogaron con la esperanza de recoger algun dato util respecto a los fugitivos. Los granjeros afirmaron haberse cruzado con un calesin cerrado, conducido por un gigante de aspecto mejicano, y Zenker ya no dudo hallarse en la buena pista. Pero Texas galopaba con ahinco y le llevaba una buena ventaja, lo que hizo que se viesen obligados a hacer noche en un poblado del itinerario, reanudando la persecuci6én al amanecer. Aun rebasaron la segunda etapa, sin alcanzar a los huidos, y solamente, cuando se hallaban al principio de la tercera, acertaron a descubrir el calesin en la lejania. Zenker animé a sus hombres con la promesa de una buena gratificacion si se deshacian de los dos individuos que ocupaban el vehiculo, y los forajidos, animados por la promesa y confiando en su superioridad numérica, se adelantaron dispuestos a ganar con poco esfuerzo el premio prometido. Pero Zenker, que daba a sus enemigos el valor real que poseian, no quiso exponerse a figurar en la vanguardia del grupo. Podian suceder cosas imprevistas y por nada del mundo queria caer en las manos de su despiadado rival. —Cuando Nino introdujo el calesin por el camino vecinal, los cConniclooolks C@©