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Pulp Fiction, 1940 · page 36 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 36: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 36: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Es un lugar muy pintoresco y hasta predispuesto a recibir a los asesinos. Durante la guerra, los sudistas cometieron infinidad de ellos por la regiédn, y como culminacié6n de sus crimenes innobles, en un pueblecito por el que pasaremos, llamado Bowlin Green, fue cazado a tiros aquel mal patriota que asesiné a Lincoln. Ya le ensenaré la granja donde fue acorralado. Vera enmudecio. Las palabras hirientes de Texas le hacian dano y preferia no incitarle a hablar. Habian emprendido la marcha de la segunda etapa, cuando, mediado el dia, Texas, que no perdia de vista el camino, distinguid lejos, tras ellos, una gran polvareda y prudentemente coloco las armas al alcance de su mano, al tiempo que, asomando la cabeza, advertia a Nino: —Camina con cuidado... Me extrana esa polvareda y no distingo lo que oculta. Puede ser alguna diligencia que sigue nuestra ruta, o jinetes, pero en cualquier caso el camino es exdtico. jCuidado, Nino! —Va bueno, manito. Podemos esperar un poco o asi, a ver si descubrimos a esos pringaos que nos siguen. No me gusta llevar mas polvo detras de mis caballos que el que éstos levantan con sus patas. Y atando las bridas a un lado del pescante, prepar6 su rifle, que cargo con mucho cuidado. Casi al paso, continuoé la diligencia, mientras la nube de polvo avanzaba tenazmente, hasta que al cambiar el aire con brusquedad, barri6 la polvareda dejando al descubierto un grupo de nueve jinetes que avanzaban a todo galope. A Texas no le agrad6 aquel grupo y para convencerse de que no llevaban su misma ruta, orden6o: —Nino, toma el primer camino vecinal que encuentres y métete por él. Quiero saber si vienen contra nosotros. —Bueno, va, manito —replicé el mejicano— pero yo, para convencerme antes, les mandaria unas pildoritas de plomo o asi. Si no vienen contra nosotros, escupiran la medisina, y si vienen..., pues les dariamos mas. —Tu haz lo que, te digo y no opines, pedazo de acémila. —Bueno, va, jmaldita sea Sonora!, que parese que yo nunca doy en el clavo cuando hablo. Levant6 el latigo y fustig6 a los animales, los que, a todo galope, cConniclooolks C@©