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Pulp Fiction, 1940 · page 34 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 34: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 34: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

parece que esta levantando usted muchos puentes en el aire. Usted no se vera libre mientras no vuelva a mi su prima Stella, y... digame bien: si le ocurriera alguna desgracia, pagaria en la misma moneda. Yo sé devolver los golpes como pretenden darmelos. Vera tembl6 ante la amenaza; habia aprendido a conocer a Texas y sabia que era capaz de llevar a término lo que decia. —jPero si yo no sé una palabra de mi prima! —clam6o ella suplicante—. Le juro que usted me ha dado la primera noticia. —Bien, de todas formas, usted me ayudara a rescatarla. — Cé6mo?... Si me tiene usted prisionera... —No importa. Ahora vamos al rancho de un amigo mio, en Virginia. Me debe la vida y se la jugaria por mi, de modo que no piense en sobornarle. Alli escribira usted una carta para Zenker haciéndole saber su situacién y lo que debe hacer para conseguir su rescate. Creo que esta loco por usted, y si usted le ama como él... Vera se revolvié en su asiento, rugiendo: —jCallese! No amo ni amaré a Zenker por mucho que haga por mi... lo siento, pero asi es... Quiza si las circunstancias me forzaran a ello, me casaria con él, pero amarle nunca... Ha llegado demasiado tarde para eso. —Entonces, jquién es el afortunado mortal que usufructtia su inocente coraz6n? Me agradaria conocerle para ponerle sobre aviso... Seria un acto piadoso. Vera explot6 en un sollozo de rabia infinita y rechinando los dientes grit6: —jCallese!... jCallese, monstruo! Usted se arrogara el derecho de disponer de mi cuerpo como dispone, pero no de mi alma. ;Qué sabe usted de ella? —Tanto, que si pretendiese saber algo mas y metiese la cabeza en ella moriria envenenado. Vera le mir6 de un modo homicida, y bajando la cabeza se sumi6d en un hosco silencio. No queria seguir hablando de aquel tema con Texas. Era demasiado espinoso y él nunca _ podria sospechar de lo que guardaba en su corazon. El calesin rodaba por sendas polvorientas bajo un sol de fuego, y Texas, con los revdélveres a mano, vigilaba el camino temeroso de que surgiese algun contratiempo inesperado. Habian aprendido a temer a Zenker y a su organizacion de pistoleros y temia que por cConniclooolks C@©