ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 19 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 19: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 19: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Bien, si usted asi lo desea, lo haré pero sdlo hay dos formas de conseguirlo. O se me entrega a Stella y un documento reconociendo que le sera devuelta la herencia, aceptandome como su apoderado, o tendra usted que venir conmigo en calidad de rehén hasta que Stella aparezca... y aparezca sana y salva. jElija! El ultimatum fue lanzado con voz tan agria y cortante que Vera retrocediendo asustada, crey6 que iba a perder el conocimiento. Jadeando como un toro herido, se apoy6é sobre una mesa adosada a la pared, con los dedos agarrotados debajo del tablero y miré a Jim como éste no recordaba que le hubiese mirado nadie en su vida. Habia tal odio, tal deseo de exterminio, tal ferocidad en aquellos ojos y al tiempo una luz tan satanica, que Texas se sintid impresionado. Durante un minuto, reind en la estancia un silencio de muerte. Luego, Vera, como poseida de un rapto de locura, rompi6 a reir de una manera siniestra y clamo: —Conque ese era su juego? Bien. Si cree usted que no estaba preparada para él se equivoca y se lo demostraré. Veremos quién sale de aqui y cémo sale. Mientras hablaba, habia oprimido un boton que estaba oculto en la parte baja del tablero de la mesa. Se trataba de un timbre de alarma y aunque lejano, Jim capt6 su vibracion. De un salto se aparté de la puerta llevando la mano al revolver, en el momento en que media docena de individuos de aspecto patibulario, penetraban en la estancia, pero no por la puerta que Jim acababa de abandonar, sino por otra disimulada que se abrio en uno de los lados de la estancia. Pero Jim, que les habia ganado la delantera por una fracci6n de segundo, se hallaba ya colocado junto a Vera encanonandola con su temible revélver. —jAdelante, corderitos! —exclam6é irédnico—. Veo que todo estaba muy bien preparado para recibirme y eso me alegra. Hace tiempo que no suprimo coyotes indeseables y espero tener la ocasién de hacerlo esta noche. Los aparecidos se quedaron tensos titubeando. El amenazador revélver de Jim apuntando a Vera les detuvo. Esta, rabiosa, despreciando el peligro, rugi6: — Qué hacéis, cobardes, que no disparais ya? cConniclooolks C@©