ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 20 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 20: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 20: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Nadie respondi6 a la pregunta. Sabian que no era posible hacerlo sin poner en peligro la vida de la joven. Jim, siempre sonriente, advirti6: —No son tan insensatos como usted, senorita Vera. Si disparasen, usted moriria y luego, gquién iba a pagar a estos infelices pistoleros a sueldo sus emolumentos? Vera se tensiondo. Dominando su rabia, se daba cuenta de la situaci6n y del peligro, pero no se resignaba. Mordiéndose los labios con ira, replic6, rencorosa: —Fsta bien, usted gana. Es muy habil, pero... Subitamente, con un brusco movimiento de mano, aferr6é el revolver de Texas, gritando: —jTirad! Jim, que no la suponia capaz de semejante audacia, se dio cuenta del peligro y al tiempo que ella desviaba su arma obligandole a apretar el gatillo para que el tiro saliera disparado al techo, hizo una brusca flexi6n y se apart6 del lugar donde estaba, retorciendo el brazo de Vera y cubriéndose con ella. Los disparos de los pistoleros se clavaron en la pared en el lugar ocupado poco antes por Jim. Este, rabioso y viéndose en peligro, aplicé la punta de su recia bota a un tobillo de Vera, obligandola a rugir de dolor y a soltar su brazo y por detras de ella, disparé hacia la puerta. Alguien emitid un rugido de dolor y rabia, e inmediatamente vibr6 un nuevo disparo a espaldas de ellos y otro cay6 al suelo atravesado por la espalda. Los forajidos se volvieron rapidos para hacer cara al nuevo peligro y clavaron sus proyectiles en el vano de la puerta, pero Nino, adivinando la réplica, se habia arrojado a tierra y desde el piso, dispar6 tres veces hiriendo en las piernas a los indeseables. Jim por su parte, salt6 amenazandoles y los cuatro que atin quedaban en pie, aunque heridos, soltaron las armas sabiéndose cogidos entre dos fuegos. Vera, rabiosa, trat6 de tornar uno de los revélveres caidos, pero Jim la oprimio el brazo hasta casi dislocarselo, advirtiendo: —No sea esttipida o no respetaré que es usted una mujer aunque se comporte como un hombre. Y dirigiéndose a Nino, ordené: cConniclooolks C@©