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Pulp Fiction, 1940 · page 17 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 17: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 17: Pulp Fiction, 1940

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quedar livida con un fruncimiento de labios que era una mueca rabiosa de desesperacion. —jUsted! —Grit6, poniéndose en pie—. ;Cédmo y por dénde ha podido entrar? —Sencillamente por la puerta, senorita Vera... Perdone si su servidumbre esta tan mal educada que no ha querido anunciar mi visita. Por lo demas, la encuentro a usted muy linda con ese vestido negro que realza su belleza de tigresa en celo. Vera le miré, tratando de devorarle con los ojos y avanzando hacia él, rugio: — Se puede saber qué busca usted aqui? ;No le ha bastado con asesinar vilmente a mi padre que atin tiene el valor de venir a recordarmelo con su presencia? —Lo siento... Confieso que tenia proyectado hacer esta visita, pero con otro objeto. Solamente crei tener que venir a reclamar la herencia de su prima Stella, pero ahora, vengo a algo mas: vengo a saber donde esta su prima y a exigir que me sea devuelta. Vera sufrid una honda sacudida al oir tales palabras y por un momento se reflej6 en sus ojos la mas viva sorpresa. Aunque Jim iba preparado para hacer frente a cualquier comedia, adivin6 que se habia adelantado a dar la terrible noticia y en el fondo se alegré, pues si Zenker no habia dado atin senales de vida, alguna vez regresaria y entonces podria echarle mano. Stella se repuso de la impresi6n rapidamente y contest6: —éY ami qué me pregunta usted? ¢Acaso pretende acusarme de su desaparici6n? Yo no me he movido de aqui desde que regresé de Tejas. —Bien. Usted no, pero su habil amigo Zenker, si. Reconozco que es muy astuto y que en un doble juego que hemos emprendido, hemos hecho tablas. Yo le gané una baza y él me ha ganado a mi otra. Ahora, lo interesante es saber quién ganara la final. —Me es igual. No sé una palabra de Zenker. Me esta usted mintiendo. —Bien, senorita Stella. No vengo a perder el tiempo, sino a exigir que me sea devuelta Stella y con ella su herencia. Supongo que estara usted poniendo en regla este asunto. —Espero que no confie mucho en ello —repuso Vera altivamente—. No es a usted a quien debo rendir cuentas. cConniclooolks C@©