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Pulp Fiction, 1940 · page 16 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 16: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 16: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

puerta se abri6 y una linda doncella, con un servicio de té en la mano, hizo su aparicién en la estancia. La muchacha al encararse con aquel par de desconocidos vistiendo el atuendo bélico del Oeste, se puso densamente palida e hizo intencién de retroceder, pero Nino atenazandola con su enorme zarpa, puso unos ojos muy encandilados y rezong6: —No te me vayas, rechula, jmaldita sea Sonora!, que te voy a dar un par de besos que te van a abrir dos agujeros mas grandes que el gran Canon del Colorado. La muchacha estuvo a punto de dejar caer el servicio que Texas recogi6 en el aire, al tiempo que preguntaba: —,Dé6nde esta la senorita Vera? —Pues... pues... no esta... y... —Ahdégala, Nino, por embustera y luego tirala por la primer ventana que encuentres —orden6o Texas. La doncella ahog6 un grito y desfallecida, suplicé: —jNo... No... Por Dios! Esta... esta en... su despacho. — Sola? —Si... si... sola. —Bien. Indicame su despacho y no me enganes, o haré que cumplan mi orden. ; Vamos, rapida! La muchacha regres6 sobre sus pasos y penetré en un largo pasillo. Con la mano senal6 una puerta. —Aquella puerta... a la derecha. —Bien, Nino. Te recomiendo a la pequena. Dale conversacion tt que posees labia para las damas. A lo mejor, si le ofreces un caballo como el de Atila... —Bueno va, manita —rezongé el mejicano—. Creo que esta preciosa rechula no sabe montar a caballo... Acaso si le ofrezco un rancho o asi, de esos que nos sobran, pues le guste... Pero ya Texas habia avanzado por el pasillo sin oir los ofrecimientos de su fiel aliado. Se detuvo ante la puerta y después de escuchar un momento, la empuj6 entreabriendo. Vera, sentada sobre un divan junto a una mesita, repasaba unos papeles. Levanté6 sus bellos pero frios ojos y al distinguir la gallarda silueta de Jim en el umbral de la puerta, sintid una oleada de sangre afluir a su rostro, para inmediatamente perder el color y cConniclooolks C@©